Acabo de encontrarme con un interesante informe de JPMorgan que presenta una previsión bastante ambiciosa del precio del oro para 2028. Los analistas calculan que el oro podría alcanzar los 6000 dólares por onza para entonces, lo que representaría un aumento de aproximadamente el 110 por ciento respecto a hoy. Lo que hay detrás de esto es en realidad un cambio en el comportamiento de inversión.



La idea principal: los inversores en todo el mundo están reconsiderando cómo distribuyen su patrimonio. Hasta ahora, el oro representa solo el 2,6 por ciento de la asignación, mientras que casi la mitad está en acciones. Si esto se desplaza al 4,6 por ciento en oro —lo cual suena bastante realista dado la inestabilidad del mercado— entonces se necesitaría un precio del oro mucho más alto para satisfacer esa demanda.

Lo que me interesa especialmente: el comportamiento ha cambiado notablemente este año. Los inversores ahora compran simultáneamente acciones y oro, lo cual es un claro quiebre respecto a 2023 y 2024, cuando el dinero fluía masivamente hacia bonos a largo plazo. La razón es simple: los bonos no han demostrado ser un instrumento de protección contra los riesgos de las acciones. Tras las caídas simultáneas en los mercados de acciones y bonos, muchos se dieron cuenta de que la estrategia antigua ya no funciona.

La situación macroeconómica también favorece precios del oro en alza. Incertidumbres geopolíticas, preocupaciones por la inflación, temores a la devaluación de las monedas por altos déficits estatales —todo esto impulsa la demanda. JPMorgan incluso compara la situación con los años 70 y 80, pero ve una diferencia importante: en aquel entonces, era miedo a la pérdida de valor de la moneda, hoy el oro es un instrumento estructural de protección contra la volatilidad de las acciones. Esto es realmente algo nuevo.

Sin embargo: la previsión del precio del oro para 2028 no está escrita en piedra. Se basa en la suposición de que el comportamiento de inversión cambiará de manera realmente significativa. Si esto sucederá, dependerá de muchos factores —la política de la Fed, la economía global, la evolución del dólar. Pero lo interesante es que, a pesar de la última corrección en el precio del oro, no hay pánico en el mercado. Esto indica que muchos inversores seguirán apostando a largo plazo.

En general, el informe muestra que algo fundamental está moviéndose en la asignación global de activos. Si la previsión ambiciosa se cumple, lo sabremos en los próximos dos años. Quienes tengan oro en su cartera deberían seguir de cerca esa evolución.
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