¿Sabes? Recientemente volví a leer la historia del coronel Sanders y cada vez me impresiona más. Harland Sanders no es solo un nombre en el paquete de pollo, es un símbolo de que nunca es demasiado tarde para comenzar.



Imagina su vida. Su padre muere cuando él tiene 6 años. Un niño pequeño prepara comida para sus hermanos menores en lugar de jugar. ¿Escuela? La abandonó en séptimo grado. Luego trabajó en todos lados — en una granja, como revisor, calderero en una vía férrea, soldado, incluso como agente de seguros. Y en todos lados lo despedían, en todos lados fracasaba.

Aquí es donde se pone interesante — la mayoría de las personas después de algo así simplemente se habrían rendido. Pero no el coronel Sanders. Para los 40 años, finalmente encontró lo que le salía bien. Administraba una gasolinera, cocinaba para viajeros. Su pollo frito se convirtió en una leyenda. Por primera vez en su vida, sintió que creaba algo valioso.

Pero el destino volvió a golpearlo. A los 65 años, construyeron una nueva autopista que pasaba por su restaurante. El negocio cayó. Solo le quedó una ayuda estatal — 105 dólares al mes. Para la mayoría, eso sería el fin de la historia.

Pero para el coronel Sanders, eso solo era el comienzo. Cargó su coche, tomó su receta y empezó a recorrer de restaurante en restaurante. Dormía en el auto, tocaba puertas, ofrecía su idea. Lo rechazaron 1009 veces. Mil veces la gente le dijo que no. Pero él no se rindió. En el intento número 1010, un restaurante aceptó. Ese fue el primer franquiciado de KFC.

Para los 70 años, su pollo ya estaba en toda América. En 1964, vendió la compañía por 2 millones de dólares — una cifra significativa para esa época. Hoy, KFC opera en 145 países con más de 25 mil sucursales. Su rostro se convirtió en un ícono de la marca.

¿Qué me impresiona de la historia del coronel Sanders? No es suerte ni genialidad. Es simplemente no rendirse. Fracasó cientos de veces, perdió todo a los 65, pero eligió actuar en lugar de desesperarse. Cada vez que escucho a alguien decir que es demasiado tarde o demasiado difícil, recuerdo esta historia.

El coronel Sanders demostró que la edad es solo un número, el fracaso es solo información, y el verdadero éxito llega a quienes están dispuestos a tocar la puerta número 1010.
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