Últimamente he descubierto que cada vez más personas en mi entorno están hablando sobre cómo almacenar de manera segura los activos criptográficos, especialmente en un contexto donde los incidentes de robo de carteras calientes son frecuentes. La verdad, usar una cartera caliente es muy problemático porque tienes que gestionar tú mismo las claves privadas y las frases de recuperación, y si no tienes cuidado, es fácil que los hackers te apunten o que las pierdas tú mismo. Por eso, en estos dos años la demanda de carteras frías ha aumentado mucho, todos quieren encontrar un lugar más seguro para guardar sus monedas.



¿Pero qué es exactamente una cartera fría? En pocas palabras, una cartera fría es una cartera que guarda las claves privadas en un dispositivo desconectado, generalmente se refiere a una cartera de hardware. Su principal ventaja es que no está conectada a internet, por lo que hackers y software malicioso no pueden atacarla remotamente. En comparación, aunque las carteras calientes son más convenientes, por estar conectadas a la red, su riesgo es claramente mayor.

El funcionamiento de una cartera fría en realidad no es complicado. Cuando la configuras, genera un par de claves pública y privada; la clave pública es como tu cuenta, que puede usarse públicamente para recibir fondos, mientras que la clave privada es la contraseña real que controla todos los fondos. También existe la frase de recuperación, que convierte la clave privada en 12 o 24 palabras en inglés, para facilitar su memoria. Lo más importante es que la cartera fría almacena estos elementos de forma física y aislada, por lo que su seguridad es realmente superior.

En el mercado hay muchas opciones de carteras frías. Según datos, en 2022, los usuarios de carteras criptográficas alcanzaron los 80 millones, y se estima que el mercado de hardware wallets llegará a 3.6 mil millones de dólares para 2032. Con los años, los principales fabricantes han estado mejorando la seguridad, soportando más criptomonedas y bajando precios para ganar cuota de mercado. Algunos modelos populares son, por ejemplo, el imKey, que usa un chip de Infineon con nivel de seguridad CC EAL 6+, que cuesta alrededor de 130 dólares; Ledger Nano, de Francia, con certificación CC EAL 5+ y soporta más de 5000 criptomonedas, con precios entre 150 y 300 dólares; y Trezor, de la República Checa, con pantalla táctil y soporte para más de 1400 monedas, con precios entre 70 y 219 dólares.

Al elegir una cartera fría, creo que hay que considerar varios aspectos. Primero, la seguridad, que depende de la tecnología de cifrado y la verificación múltiple; segundo, la compatibilidad, asegurándose de que soporte las monedas que posees; luego, el costo, ya que los precios varían bastante y hay que valorar si vale la pena; y por último, la experiencia de usuario, porque una interfaz amigable o no, afecta directamente la facilidad de uso. Normalmente, esta información se puede consultar en la página oficial, y también es útil leer las opiniones de los usuarios.

El proceso para usar una cartera fría en realidad no es complicado. Si no tienes las claves, primero generas un par a través de la cartera; luego, cuando hagas una transacción, conectas el dispositivo a tu móvil o computadora, ingresas el PIN para desbloquear, y envías la transacción; después de verificar, puedes desconectarlo. Una vez completada la transacción, la cartera vuelve a estar en modo offline, lo que mantiene las claves más seguras. Pero hay que tener cuidado de no conectar con aplicaciones desconocidas o no confiables, porque una cartera fría también puede ser vulnerable a ataques, igual que una caliente.

La diferencia entre una cartera fría y una caliente es bastante clara. La fría almacena las claves en un dispositivo desconectado, con mayor seguridad pero más incómodo de usar, y cuesta entre 50 y 500 dólares; la caliente, en cambio, está en línea, es más fácil de usar y generalmente gratuita, pero con menor seguridad. Por eso, si planeas mantener fondos a largo plazo o realizar inversiones grandes, te recomiendo usar una cartera fría; si haces transacciones frecuentes o manejas cantidades pequeñas, una caliente será suficiente.

Un detalle importante es que perder o dañar una cartera fría no es el fin del mundo, siempre y cuando las claves y frases de recuperación no hayan sido comprometidas. Con esas, puedes recuperar tus fondos simplemente comprando otra cartera. Pero si también olvidas la frase de recuperación, ya no hay forma de recuperarlo, así que es fundamental hacer copias de seguridad en un lugar seguro, incluso en papel y guardarlo en una caja fuerte. Además, hay que estar atento a las estafas: no aceptar a ciegas airdrops de fuentes desconocidas, para evitar ser víctima de engaños.

En definitiva, escoger una cartera fría para guardar tus activos criptográficos es un equilibrio entre seguridad y conveniencia. Si tienes activos a largo plazo, invertir en una cartera fría confiable vale mucho la pena.
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