Creo que muchas personas todavía están confundidas acerca de lo que realmente es una recesión económica, no solo una caída normal en los precios, sino una contracción de toda la actividad económica del sistema a largo plazo, lo que afecta seriamente nuestras inversiones.



Según la definición de la Oficina de Investigación Económica de Estados Unidos, una recesión ocurre cuando la actividad económica disminuye significativamente durante al menos 2 trimestres, observando indicadores como el PIB, ingresos, tasa de empleo y producción. Si la recesión dura más de 3 años y el PIB cae más del 10%, se convierte en una depresión económica, que en la historia de Estados Unidos solo ha ocurrido una vez, desde 1929 hasta 1939.

Lo interesante es que las causas de una recesión económica son variadas. A veces se debe a la especulación en activos, otras veces a una crisis del petróleo o a una expansión excesiva del crédito. La Gran Recesión de 2007-2009 fue causada por una crisis financiera que comenzó en el sector inmobiliario, donde los precios de las viviendas subieron de 140 en 2000 a 220 en 2006-2007, pero cuando los precios comenzaron a caer, los instrumentos financieros complejos explotaron, provocando una contracción económica del 5.1% y una tasa de desempleo que alcanzó el 10%.

He notado que cuando realmente ocurre una recesión, el riesgo en el sistema aumenta mucho, por lo que los inversores tienden a cambiar hacia activos seguros, como el oro, los bonos, en lugar de acciones y petróleo. Un ejemplo de esto fue la crisis del COVID-19 en 2020, cuando el índice Dow Jones cayó un 38% en menos de un mes, pero el oro subió un 32%, y los rendimientos de los bonos a 10 años cayeron un 80% (los precios subieron porque la gente los buscaba).

Para quienes están invirtiendo, durante una recesión hay cosas que no deben hacerse. Primero, no aumentar las inversiones en activos riesgosos, ya que hay muchos riesgos negativos. Segundo, evitar endeudarse en exceso; si es necesario tomar un préstamo, que sea con interés fijo (FRM) en lugar de variable (ARM).

Pero si te preparas bien, una recesión puede convertirse en una oportunidad dorada. Es recomendable cambiar a activos seguros, mantener ingresos estables y aprovechar las caídas del mercado para comprar buenas acciones a precios bajos. La experiencia de muchos inversores que han pasado por crisis varias veces indica que diversificar bien el riesgo es clave.

En resumen, una recesión no es algo que deba temerse, si se entiende cómo ocurre y se prepara la cartera de inversiones. La recesión puede convertirse en un período que genere mayor riqueza que en tiempos normales.
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