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La visión futura de Sam Altman: cuando la inteligencia artificial se convierta en la nueva infraestructura social
Escribir artículo: Noticias Techub Organizado
Hoy en día, discutir sobre inteligencia artificial ya es muy difícil sin mencionar el nombre de Sam Altman. Desde impulsar los grandes modelos para que sean productos públicos, hasta llevar la “inteligencia artificial general” desde una visión de laboratorio a un tema global, lo que él representa no es solo la dirección estratégica de una empresa, sino un conjunto completo de ideas sobre cómo funcionará la sociedad en el futuro. A través de esta entrevista se puede ver que la comprensión de Altman sobre la inteligencia artificial no se limita a la mejora continua de capacidades técnicas, ni solo a la aceleración de la competencia comercial, sino que la ve como una herramienta fundamental que puede transformar la investigación científica, la organización económica, la vida personal y las estructuras psicológicas sociales. El artículo intenta organizar de manera sistemática los puntos clave de la entrevista, formando un texto completo listo para publicación.
Uno, la inteligencia artificial no es un producto único, sino un amplificador de las capacidades humanas
Altman enfatiza repetidamente en la entrevista que su fascinación por la inteligencia artificial viene de hace mucho tiempo. Incluso cuando muchos consideraban casi imposible que las computadoras “piensen realmente”, él ya veía esto como una de las direcciones más fascinantes en la historia tecnológica. En su opinión, el progreso de la civilización humana esencialmente consiste en inventar herramientas, y sobre ellas apilar nuevas herramientas, construyendo finalmente una estructura de capacidades cada vez más poderosa. La importancia de la IA no radica solo en que sea inteligente, sino en que puede convertirse en una “superherramienta que ayuda a la humanidad a seguir inventando, creando y explorando”.
Esta comprensión determina su postura básica respecto a la IA: su valor más importante no es reemplazar a las personas, sino liberar a las personas. Con la ayuda de la inteligencia artificial, los humanos pueden crear empresas más rápido, producir arte, iniciar investigaciones, diseñar productos, plantear preguntas y buscar respuestas. Para Altman, esto no solo es una mejora en eficiencia económica, sino también una extensión de capacidades en términos de carácter y personalidad. La satisfacción humana no proviene tanto de que todo se haga automáticamente, sino de poder lograr cosas que antes eran imposibles. La IA puede ser precisamente el medio clave para ampliar esas capacidades.
Por ello, propone un juicio muy representativo: en el futuro aparecerán cada vez más “empresas unipersonales” o con equipos muy pequeños. Las capacidades de producción, investigación, marketing, operación y gestión del conocimiento que antes solo tenían las grandes organizaciones, se reducirán al alcance de individuos y pequeños equipos. El verdadero significado de esta tendencia no es solo la reducción en el número de empleados en las empresas, sino la disminución sistemática de las barreras de entrada para emprender, expresarse e innovar. En otras palabras, la IA no solo hace que el mundo antiguo sea más rápido, sino que crea un nuevo punto de partida, permitiendo que más personas comunes tengan por primera vez un gran apalancamiento creativo.
Dos, por qué la capacidad de predicción se acerca a la inteligencia misma
Una parte muy interesante de la entrevista es la explicación de Altman sobre la relación entre “predicción” e “inteligencia”. Menciona una idea que le impresionó mucho: la predicción y la inteligencia están muy relacionadas. A simple vista, los grandes modelos solo hacen “predicción de la siguiente palabra”, como si simplemente continuaran probabilísticamente en un enorme corpus de datos; pero en un nivel más profundo, si un sistema quiere predecir con alta calidad lo que sucederá a continuación, debe comprimir y entender la estructura del mundo en cierto sentido, y debe construir representaciones internas de relaciones, contextos, causalidad y patrones.
Por eso, las opiniones tempranas que afirmaban que “los modelos predictivos nunca podrán generar conocimiento verdaderamente nuevo” están siendo gradualmente desmentidas por la realidad, en opinión de Altman. Él menciona que modelos más recientes ya comienzan a contribuir con nuevo conocimiento en pequeños ámbitos, como demostrar proposiciones matemáticas no probadas anteriormente, o hacer pequeños descubrimientos en física. Esto es muy importante porque significa que los modelos generativos no solo reorganizan información vieja mecánicamente, sino que están aprendiendo una forma más abstracta de razonamiento. Una vez que un modelo adquiere esa capacidad, puede aplicarla a objetos que nunca ha visto, y así llegar a conclusiones que parecen “nuevas”.
La visión de Altman no es misteriosa. No lo ve como un mago incomprensible, sino que lo compara con la cognición humana: los científicos también aprenden conocimientos existentes, y sobre esa base razonan, conjeturan, verifican y finalmente descubren nuevos conocimientos. La diferencia es que el cerebro humano tiene capacidades limitadas en velocidad de lectura, memoria y en la integración de diferentes campos; en cambio, la IA puede leer rápidamente enormes volúmenes de texto y realizar en muy poco tiempo una síntesis y deducción. Por eso, cada vez más se asemeja a un órgano de pensamiento externo: no reemplaza la racionalidad humana, sino que externaliza y amplía en gran escala el espacio de cálculo racional.
Tres, el impacto realmente grande quizás provenga de la “personalidad de la IA” y no del tamaño de los parámetros
Al hablar de inteligencia artificial, el enfoque externo suele estar en cuánto más rápido o más potente se vuelve el modelo, o en cuánto se extienden los contextos. Pero Altman propone una visión con un impacto más tangible: uno de los mayores impactos históricos de un equipo puede ser precisamente “cómo se configura la personalidad de ChatGPT”. Aunque parezca una afirmación sencilla, en realidad toca uno de los problemas sociales más centrales en la era de la IA generativa: cuando cientos de millones de personas interactúan diariamente con un mismo tipo de robot, la forma en que se establece el tono, la actitud, las formas de estímulo, las refutaciones y las tendencias de valor, tendrá un enorme efecto psicológico y cultural.
Altman admite que este problema es mucho más difícil que ajustar un producto convencional. Porque diferentes personas necesitan diferentes formas de acompañamiento, y incluso una misma persona en diferentes etapas requiere estilos distintos de respuesta. Algunos buscan ánimo y reconocimiento, otros quieren ser desafiados más fuerte, algunos necesitan consuelo a corto plazo, otros a largo plazo necesitan correcciones estrictas. En la vida real, las personas naturalmente eligen diferentes tipos de amigos, colegas y mentores; pero en los productos de IA, millones de usuarios comparten una misma personalidad predeterminada, lo que significa que cualquier configuración no puede ser óptima para todos al mismo tiempo.
Menciona especialmente que toda la industria aún no ha dedicado suficiente atención a cómo la “personalidad predeterminada” afecta, en un nivel similar a la seguridad biológica o cibernética, pero eso no significa que su impacto sea menor. Al contrario, el tono, la empatía y el mecanismo de retroalimentación del modelo ya están moldeando sutil y continuamente las emociones, juicios, dependencias y comportamientos de los usuarios. Modelos que en el pasado fueron demasiado complacientes o sumisos, ya han causado efectos negativos. Esto hace que Altman vea a la IA no solo como una herramienta de conocimiento, sino también como una herramienta relacional; no solo responde preguntas, sino que influye en cómo una persona se ve a sí misma, toma decisiones y enfrenta el fracaso y el crecimiento.
Para abordar este problema, ha consultado a algunas de las personas consideradas verdaderamente sabias, incluyendo expertos en diferentes tradiciones espirituales, psicólogos clínicos y quienes comprenden profundamente las leyes de la interacción humana. Espera que estas personas ayuden a definir un sistema de instrucciones más maduro, que tenga como objetivo que el comportamiento de la IA no solo sea “hacer sentir bien al usuario en el momento”, sino que promueva un crecimiento, satisfacción, logro y experiencia de vida a largo plazo. Esto revela que la visión de Altman no es solo una máquina de compañía que siempre agrada, sino un socio a largo plazo que ayuda a las personas a vivir mejor.
Cuatro, sobre trabajo, presión y significado: la IA no terminará con la lucha, solo cambiará su forma
Una de las preocupaciones más comunes sobre la inteligencia artificial es si “eliminara muchos trabajos”. Altman no evita responder a esto. Reconoce que con cada gran revolución tecnológica, algunos trabajos desaparecerán, la estructura laboral cambiará, y la sociedad debe discutir seriamente sobre nuevos sistemas económicos y contratos sociales. Pero también rechaza las narrativas apocalípticas exageradas, especialmente las declaraciones de algunos líderes tecnológicos que afirman que sus empresas acabarán con la mitad de los empleos, mientras celebran el aumento en el valor de sus compañías. En su opinión, esas afirmaciones son parciales y muy distorsionadas en la percepción social.
Más importante aún, no cree que en el futuro la humanidad caiga en un estado de “sin sentido” o inactividad. Altman ofrece una observación sencilla: en el pasado, también se prometió reducir las horas de trabajo, disminuir la presión y aumentar la felicidad, pero la realidad es que el progreso tecnológico no ha detenido el esfuerzo humano, sino que ha elevado continuamente los estándares de vida, competencia y creación. Con el aumento de la productividad, las personas no se quedaron en sus deseos originales, sino que buscaron mejores obras, logros más profundos, límites más lejanos y colaboraciones más complejas.
Por eso, en su visión, lo que trae la IA no es “que todos se acuesten a descansar”, sino que los objetos de lucha cambien. La dificultad actual puede venir del trabajo repetitivo, la comunicación ineficiente, la escasez de información y los cuellos de botella en la ejecución; pero en el futuro, la dificultad será mayor en la creación, la elección, el juicio, la estética, la organización y la exploración. La humanidad seguirá queriendo competir, demostrar su valía, crear valor y ser útil en la comunidad. La presión no desaparecerá por arte de magia, ni los desafíos dejarán de existir, pero su estructura cambiará. Hoy estamos agotados por tareas de supervivencia, pero mañana quizás dedicaremos más energía a metas de mayor nivel.
Altman expresa aquí no un optimismo ciego, sino un juicio sobre la naturaleza humana: que la humanidad no abandonará la búsqueda de significado solo porque las herramientas se vuelvan más poderosas. Al contrario, cuanto más se alivien los problemas materiales y de eficiencia, más se enfocará en nuevas fronteras. Estas pueden ser emprendimiento, arte, ciencia, espacio, educación, salud, o simplemente formas más complejas de autorrealización. En otras palabras, la IA no terminará con el esfuerzo, sino que puede obligar a la sociedad a redefinir qué significa un esfuerzo verdaderamente valioso.
Cinco, los descubrimientos científicos serán la externalización positiva más profunda de la IA
Para Altman, una de las direcciones más emocionantes de la IA no es solo la conversación, sino acelerar la investigación científica. Resume en tres puntos el futuro: primero, acelerar la investigación; segundo, acelerar la economía; tercero, desarrollar una AGI que sirva verdaderamente a las personas. La prioridad número uno es la aceleración del avance científico. Este orden muestra que, en su visión del futuro, el valor máximo de la IA no es solo en productos de consumo, sino en expandir de manera sustancial los límites del conocimiento humano.
Tiene expectativas muy concretas respecto a los avances científicos. Por ejemplo, en matemáticas, cree que pronto podrían lograrse progresos sorprendentes, resolviendo problemas que parecen inalcanzables. Cuando la matemática logra avances importantes, suelen abrir nuevas rutas en física, criptografía y otras aplicaciones prácticas. La innovación impulsada por la IA no se limitará a publicaciones académicas, sino que puede transformar materiales, energía, comunicaciones, medicamentos e incluso sistemas de ingeniería en el mundo real.
Pero Altman no se conforma solo con “resultados matemáticos bonitos”. También enfatiza que la industria debe poner estándares más altos en problemas científicos más complejos, desordenados y con mayor impacto práctico, especialmente en biomedicina y salud. Menciona que la medicina personalizada será un campo muy prometedor, como la creación de vacunas a medida para cánceres específicos, que en su visión sería una forma de medicina del futuro “que parece inevitable”. Lo que lo detiene no solo es la ciencia, sino también los sistemas regulatorios, los procesos de aprobación y los marcos de implementación.
Esto refleja un problema mayor: el crecimiento de las capacidades de la IA no se traduce automáticamente en una aceptación social. La regulación de medicamentos, la validación en investigación y la organización de la ciencia también pueden ser cuellos de botella para la implementación. Por eso, la “aceleración de la investigación” que propone Altman no solo implica entrenar más modelos, sino también adaptar rápidamente los sistemas de investigación, validación y aplicación a un modo de producción de conocimiento profundamente influenciado por la IA.
Seis, la AGI personal: de una herramienta de preguntas y respuestas a un agente inteligente 24/7
En comparación con “chatbots más potentes”, Altman está claramente más interesado en otra dirección: una verdadera AGI personal. En su visión, cada persona tendrá un sistema inteligente que esté siempre en línea, con un conocimiento completo de su historia, preferencias a largo plazo, dispuesto a invertir recursos computacionales y a optimizar continuamente su vida. Hoy, los usuarios solo hacen preguntas ocasionales y reciben respuestas puntuales; en el futuro, podrían tener un agente inteligente que esté siempre presente, aprendiendo y entendiendo el contexto en todo momento.
Este concepto es importante porque implica que el rol de la IA pasará de ser solo una “herramienta” a convertirse en una “infraestructura”. La herramienta se usa cuando se necesita, pero la infraestructura se integra en la vida misma, como la electricidad, los motores de búsqueda, los teléfonos y la red, y se vuelve parte del funcionamiento diario. Un AGI personal verdaderamente maduro no solo responderá a preguntas sobre salud, trabajo, estudio, finanzas o viajes, sino que también podrá conectar diferentes áreas, entender cambios en las metas, el ritmo de vida, las tendencias de salud, las tareas laborales y los estados emocionales, para ofrecer apoyos más continuos y coherentes.
El ejemplo que da en el escenario de salud ilustra muy bien esto. Menciona que ya se están ingresando en sistemas análisis de resultados de análisis de laboratorio, imágenes médicas y síntomas leves. Aunque esto no reemplaza a los médicos, muestra que la expectativa de los usuarios ya va más allá de los buscadores tradicionales: quieren un asistente inteligente que pueda entender información compleja, ofrecer explicaciones integradas y organizar pistas dispersas. Cuando esa confianza y dependencia crezcan, la AGI personal dejará de ser solo un producto tecnológico y se convertirá en una extensión del sistema cognitivo del individuo.
Por supuesto, esto también aumenta los riesgos. Un agente que tenga toda la información del contexto personal puede ser un socio muy valioso, pero también un ente digital que requiere una regulación estricta. La privacidad, la memoria, los sesgos, la inducción, la responsabilidad y la dependencia psicológica, serán temas aún más sensibles. Por eso, Altman vuelve constantemente a temas como el “diseño de personalidad”, la “orientación de valores” y el “crecimiento a largo plazo”, no como ideas abstractas, sino enfrentando un problema inevitable: cuando la IA penetra en la vida íntima, ¿qué tipo de existencia debería tener?
Siete, el ciclo emprendedor está siendo reactivado por la IA
Altman siempre ha valorado mucho a los emprendedores, y esto se refleja claramente en la entrevista. Cree que una de las mayores contribuciones de esta tecnología es la energía emprendedora que puede liberar. En tiempos recientes, el mundo tecnológico atravesó una etapa relativamente estancada: aunque surgieron empresas exitosas, pocas plataformas tecnológicas lograron cambiar realmente la estructura industrial, y el entusiasmo por emprender se vio contenido. La llegada de la IA está terminando con esa “época de vacío tecnológico”.
Compara las oportunidades que trae la IA con hitos históricos como la maduración de la infraestructura de computación en la nube o la apertura de las tiendas de aplicaciones en los smartphones. La importancia de esos hitos no radicaba solo en que un producto fuera exitoso, sino en que crearon una nueva capa de plataforma que permitió a innumerables emprendedores construir servicios, llegar a usuarios y validar necesidades rápidamente. La IA cumple un papel similar. No solo reduce costos de desarrollo, contenido y prueba, sino que también da a pequeños equipos la capacidad de ejecutar a niveles cercanos a los de grandes organizaciones.
En este contexto, no sorprende que resurjan los jóvenes emprendedores. Altman menciona que en algún momento temió que la cultura y la educación en EE. UU. reprimieran la ambición de los jóvenes, como si “la ambición” misma no fuera bien vista. Pero ahora esa tendencia parece invertirse. Los jóvenes vuelven a querer crear, a ganar, a construir empresas, y la IA ofrece una ola tecnológica enorme que apoya esa voluntad. La conjunción de cambios tecnológicos y un ambiente cultural más favorable suele ser la antesala de explosiones emprendedoras.
Por eso, en la visión de Altman, la era de la IA no solo generará una carrera armamentística entre las principales empresas tecnológicas, sino que también impulsará una difusión amplia y dispersa de “innovación en las bases”. Lo que realmente define la vitalidad de una época no es solo lo que hacen las grandes plataformas, sino cuántos desarrolladores, investigadores y pequeños equipos pueden inventar cosas nuevas sobre ellas. Desde esa perspectiva, lo más prometedor de la era de la IA quizás no sea solo el próximo producto de un gigante, sino la capacidad de millones de individuos de participar en la construcción del futuro.
Ocho, la creencia central de Altman: una prosperidad casi inimaginable
Si hay que resumir en una sola frase la emoción más fuerte de esta entrevista, sería la visión de Altman de una “prosperidad casi inimaginable”. No es solo un lema liviano, sino que se basa en varias premisas que se sostienen mutuamente: la IA puede ampliar las capacidades humanas, acelerar la investigación, hacer que la innovación sea más común, y ofrecer apoyos personalizados sin precedentes.
Pero esa visión optimista no implica que ignore los riesgos. Al contrario, cuanto más avanza la tecnología, más se nota que su mayor preocupación no es solo si los modelos son suficientemente inteligentes, sino si la sociedad puede desarrollar a tiempo las capacidades de gobernanza, cultura y regulación necesarias. Cómo diseñar la personalidad predeterminada, cómo influir en la psicología individual, cómo ajustar el orden económico, cómo regular la salud, cómo gestionar los datos personales y cómo mantener relaciones saludables con los agentes inteligentes, no son temas de “futuro lejano”, sino problemas ya presentes.
Por eso, el futuro que Altman describe no es un utopía automática, sino una trayectoria de alta energía: la tecnología puede llevarnos a mayores niveles de productividad, conocimiento y prosperidad, pero si esa trayectoria no se gestiona con madurez, puede no ser un futuro verdaderamente inclusivo. Cuanto más la IA se asemeje a una infraestructura social, más la sociedad tendrá que entender y regular cuidadosamente las herramientas que crea.
En última instancia, la entrevista muestra que Altman no es solo un entusiasta de la tecnología, ni solo un competidor en el mercado. Lo que realmente le preocupa es cómo la inteligencia artificial puede convertirse en un sistema universal que otorgue a más personas la capacidad de actuar, crear y explorar; y también que, en su penetración en las emociones, cogniciones y decisiones diarias, la IA debe asumir responsabilidades mucho mayores que cualquier software anterior. El futuro no será automáticamente mejor por la IA, pero si esta generación de tecnología y regulación es suficientemente madura, esa “prosperidad inimaginable” quizás deje de ser solo una frase y pase a ser una realidad.