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Elon Musk habla sobre la "economía de diez veces en diez años": la imaginación de la era de la abundancia con IA y robots
Escribir: Techub News recopilación
En una conversación pública de aproximadamente veinte minutos, Elon Musk abordó temas como inteligencia artificial, robots, crecimiento económico, uso de energía, mejoras en la salud y expansión espacial, ofreciendo una narrativa futurista altamente optimista, con un fuerte tono de ingeniero. Su juicio más destacado fue: si no hay un impacto de gran escala similar a una guerra mundial, la economía global podría multiplicarse por aproximadamente diez en los próximos diez años. Esto no es solo un lema del mercado de capitales, sino que intenta sustentarlo con tres líneas principales: “explosión en la cantidad de inteligencia”, “despliegue masivo de robots” y “salto en la capacidad de uso de energía”.
Este borrador no es simplemente una repetición del contenido de la entrevista, sino que reorganiza las expresiones más saltarinas, coloquiales, con bromas y espontaneidad del subtítulo original en un artículo en chino listo para publicar. El artículo busca mantener el filo original de las ideas de Musk, al mismo tiempo que clarifica las cadenas lógicas implícitas: por qué piensa que ya estamos en una fase de “despegue duro”; por qué confía en que la IA y los robots humanoides aumentarán enormemente la productividad; y por qué deduce que habrá “ingresos universales elevados”, “deflación a largo plazo” e incluso que “el dinero eventualmente perderá su importancia”.
Musk afirmó claramente en la entrevista que su predicción de “diez veces en diez años” no es una proyección audaz, sino una evaluación “bastante cómoda”; en su opinión, siempre que las tendencias actuales continúen y no ocurran desastres sistémicos como una guerra mundial, es muy probable que la economía se multiplique por diez en esa década. Esta afirmación es muy típica: no se basa en el crecimiento lento de población, capital y trabajo en la economía macro tradicional, sino en la premisa de que los sistemas tecnológicos están experimentando saltos no lineales.
Su lógica central puede resumirse en una frase: la IA aporta inteligencia, los robots aportan ejecución, y la energía amplía los límites de expansión. Cuando estos tres aspectos aceleran simultáneamente, la producción económica no crecerá solo de forma lineal, sino que entrará en una escala de aumento exponencial. En la era industrial tradicional, aumentar la producción significaba reclutar más personas, construir más fábricas y esperar ciclos más largos; en cambio, en la era de la IA y los robots, el incremento puede lograrse cada vez más mediante la copia de modelos, la expansión de la potencia de cálculo y el despliegue de máquinas, lo que cambiará significativamente la forma de la curva de crecimiento.
Musk también enfatiza que la gente subestima la escala futura de la “oferta inteligente”. Cree que, hoy en día, la comprensión de la inteligencia todavía se basa en la “capacidad cerebral humana”, pero en el futuro, la cantidad total de inteligencia en la Tierra e incluso en todo el sistema solar superará rápidamente a la humana, convirtiendo a los humanos en una “minoría insignificante en la cantidad total de inteligencia”. Una vez que la “inteligencia accesible” se convierta en infraestructura básica como la electricidad, toda la economía en creación, diseño, producción, distribución y servicios será reevaluada en precio y valor.
Al hablar del avance de la IA, Musk no dice que “el punto de inflexión llegará”, sino que “ya ha ocurrido”. En la conversación, afirmó directamente: “Estamos en medio de una explosión dura”, y describió que antes de dormir y después de despertar puede ver nuevos avances importantes en IA, con una velocidad de progreso tan rápida que resulta difícil seguirla completamente. Esto indica que, en su marco de juicio, ya no tiene mucho sentido discutir si estamos en un período de explosión o no; la verdadera cuestión es: ¿qué tan rápido será esa explosión y si las instituciones humanas están preparadas para ello.
También mencionó una señal clave: la “mejora recursiva” ya está ocurriendo de forma continua. Musk cree que los modelos de nueva generación están siendo cada vez más asistidos por modelos anteriores, y aunque todavía no han salido completamente de los circuitos humanos, su participación está disminuyendo gradualmente; y que una mejora recursiva más fuerte, sin intervención humana, podría ocurrir a más tardar el próximo año. Esto es muy importante, porque si los sistemas no solo cumplen tareas, sino que también participan en la optimización de su entrenamiento, evaluación, código y flujo de trabajo, la velocidad del avance tecnológico podría acelerarse aún más.
Por supuesto, no dice esto sin riesgos. Musk advierte que el futuro es una distribución de posibles resultados, no un camino lineal hacia un único final feliz; pero desde el momento actual, piensa que “probablemente sea bueno”, incluso con una evaluación subjetiva del 80% de probabilidad de que sea positivo. Esta expresión refleja su doble actitud habitual: por un lado, un optimismo extremo; por otro, el reconocimiento de que los cambios tipo singularidad son altamente impredecibles.
Si la IA determina la expansión de la “capacidad cerebral”, en el tema de los robots humanoides, Musk habla de la expansión de la “oferta de mano de obra”. En la entrevista, afirmó que Optimus 3 está en la fase final de desarrollo y que será “el robot más avanzado del mundo”, comenzando su producción este verano, aunque con una curva de aprendizaje lenta inicialmente, y que solo hacia el verano del próximo año alcanzará una producción a gran escala. Esto significa que, en su narrativa industrial, los robots no son solo productos de demostración, sino que ya forman parte del plan de fabricación y ritmo de producción.
Más importante aún, no ve a los robots como “automatización para reemplazar unos pocos puestos”, sino como unidades de ejecución generalizables y replicables. Para una economía, uno de los recursos más escasos siempre ha sido el tiempo de trabajo humano limitado por condiciones fisiológicas; pero si los robots humanoides con alta destreza, bajo costo marginal y capacidad de iteración continua entran en masa en los sistemas de producción y servicios, el crecimiento económico ya no estará estrictamente limitado por la población o los ciclos de capacitación laboral.
Musk incluso dice que, en el futuro, Tesla no reducirá su plantilla por los robots, sino que la aumentará, y que “la productividad por persona será increíblemente alta”. Esto revela una idea fundamental: que la IA y los robots, en un período razonable, no significarán simplemente “pérdida de empleo”, sino que primero provocarán un “aumento del apalancamiento por persona”, es decir, que la capacidad de cada individuo para movilizar, supervisar y ampliar la producción será mucho mayor que antes. A nivel empresarial, esto implica una reestructuración de la eficiencia organizacional; a nivel macro, una posible curva de aumento de productividad laboral muy empinada.
Muchos al escuchar a Musk hablar de IA se centran en modelos y potencia de cálculo, pero en esta entrevista, él repite el uso de energía y la escala del sistema solar para discutir la economía futura. Puso un ejemplo muy personal: incluso si la civilización humana utilizara una cantidad de energía un millón de veces superior a toda la electricidad actual de la Tierra, seguiría siendo solo una pequeña parte de la salida solar; con ello, quiere expresar que la escala económica actual de la humanidad todavía es muy temprana y local en la escala física del universo.
Por eso siempre coloca en un mismo marco narrativo la IA, los robots, los cohetes, las bases lunares, la colonización de Marte y las ideas de “esferas de Dyson”. Para él, la esencia de la economía no son los números monetarios, sino el producto de “inteligencia × energía × sistemas ejecutables”. Mientras se conecte suficiente inteligencia con suficiente energía, y estos puedan ser desplegados mediante robots, fábricas y sistemas espaciales, los límites de la economía humana aún no se han alcanzado.
Por eso, su juicio sobre los próximos diez años no se limita solo a “el mundo del software se fortalecerá”. También menciona la posible existencia de bases lunares, actividades humanas en Marte, e incluso infraestructuras como motores de masa lunar. Desde una perspectiva de implementación práctica, estos objetivos pueden no cumplirse en plazo, pero en su línea de pensamiento, lo que realmente importa es que, cuando la inteligencia y la capacidad de fabricación sean suficientemente baratas, proyectos que antes eran de ingeniería estatal se convertirán en parte de la expansión industrial.
Otro tema importante en la entrevista es cómo la IA y los robots cambiarán la distribución de ingresos y la vida cotidiana. Musk continúa con su concepto de “ingresos universales elevados”, en lugar de solo “renta básica universal”. Quiere decir que, en el futuro, no será solo que el Estado dé dinero a todos para sobrevivir, sino que, debido a una oferta de bienes y servicios muy aumentada, la disponibilidad material de la sociedad será mucho mayor, permitiendo que la mayoría de las personas tenga un nivel de vida mucho más alto que hoy.
Su lógica es que si la velocidad de crecimiento de bienes y servicios supera ampliamente la de la oferta monetaria, se generará una presión deflacionaria: los precios caerán, y la capacidad de compra se universalizará. En ese escenario, incluso si se distribuyen dinero para facilitar la transición, el poder adquisitivo real puede seguir aumentando, porque la oferta de máquinas y servicios será tan abundante que la escasez disminuirá. En otras palabras, no imagina un mundo donde todos reciban subsidios y la pobreza aumente, sino uno donde la producción masiva de máquinas, la reducción de costos marginales y la elevación general del nivel de vida sean la norma.
Por supuesto, esto es una hipótesis que requiere discusión, ya que en la realidad, la deflación, la distribución de ingresos, la estructura del mercado, los monopolios y la redistribución política son muy complejos y no necesariamente conducen automáticamente a una mayor equidad. Pero en su narrativa, lo que importa es que la verdadera calidad de vida futura dependerá más de la capacidad de la sociedad para producir bienes y servicios en abundancia que de la cantidad de dinero en sí misma.
En la segunda parte de la entrevista, Musk lleva su visión aún más lejos: con la expansión continua de la oferta de IA y robots, el dinero en algún momento del futuro podría volverse irrelevante. Incluso especula que la IA futura quizás no se preocupe por el sistema monetario humano, sino por métricas más físicas como “potencia, calidad, vatios y toneladas”. Esto refleja su visión de ingeniería: la economía sigue siendo un proceso físico, y el dinero es solo una herramienta abstracta que refleja recursos reales y eficiencia organizacional.
Aunque suena radical, su núcleo no es complicado: cuando la oferta sea extremadamente abundante, los costos marginales se acerquen a cero y casi todos los servicios básicos puedan ser gratuitos o muy baratos, la restricción de los precios tradicionales en algunos ámbitos disminuirá. Hoy en día, los productos digitales ya muestran una tendencia similar: los costos de copia tienden a cero, y lo que realmente escasea no es el contenido en sí, sino la atención, la reputación, las entradas de cálculo y los recursos de ejecución en la realidad. Musk lleva esa tendencia a un futuro más radical: también en el mundo físico, la fabricación y los servicios podrían volverse “casi sin costo marginal”.
Pero hay que aclarar que esto no significa que la sociedad automáticamente entrará en un paraíso. Aunque el papel del dinero disminuya, seguirán surgiendo nuevas formas de escasez, como tierras, nodos energéticos, recursos computacionales, poder político, control de datos y acceso a infraestructura. Por lo tanto, “el dinero perderá su significado” debe entenderse como una dirección general en la transformación de la asignación de recursos, no como la desaparición automática de todos los problemas económicos.
Cuando el moderador preguntó si los sistemas democráticos y las instituciones modernas podrán seguir esta “ola supersónica”, Musk respondió con franqueza: esa llamada “singularidad” es precisamente porque lo que sucede dentro de ella es muy difícil de predecir. En realidad, esta declaración explica claramente su visión del futuro: es muy optimista respecto a los avances tecnológicos, pero no ofrece respuestas fáciles sobre cómo las instituciones podrán adaptarse.
Por un lado, cree que la IA y los robots podrían ser una vía importante para resolver déficits fiscales y evitar quiebras nacionales, porque solo mediante un aumento sustancial de la productividad se podrá aliviar la pesada carga de la realidad. Por otro, reconoce que la humanidad no debe confiarse y que debe “hacer que las cosas avancen en la dirección correcta”, en lugar de asumir que la tecnología automáticamente traerá resultados perfectos. Esto implica que, en su optimismo, hay un supuesto: el potencial tecnológico no garantiza por sí solo resultados sociales, y que la gobernanza, la distribución, la competencia, las leyes y la ética también juegan un papel crucial.
Desde esta perspectiva, la “diez veces en diez años” de Musk es más una evaluación de las condiciones tecnológicas que una garantía de que la realidad social se transformará automáticamente. Es decir, confía en que esa tasa de crecimiento sea posible, pero que su materialización en una prosperidad compartida dependerá de que los países construyan instituciones que puedan adaptarse a estos cambios rápidos.
Es importante notar que Musk no solo habla de grandes proyectos, sino también de mejoras concretas en la vida cotidiana. Menciona, por ejemplo, su propia cirugía de cuello y el dolor de espalda que aún no ha resuelto, y expresa su esperanza de que la IA pueda solucionar problemas como el dolor de espalda, lo cual elevaría significativamente la felicidad promedio de las personas. Este detalle es representativo: para las personas comunes, la revolución tecnológica no se mide solo en gráficos de PIB, sino en mejoras en la atención médica, rehabilitación, cuidado, movilidad y educación.
También afirma que, si en el futuro aparecen robots con alta destreza e inteligencia, cada persona en la Tierra podría acceder a servicios médicos mejores que los que hoy disfrutan los más ricos. Es una afirmación audaz, pero apunta a un aspecto clave: en salud, lo que escasea no son solo medicamentos o equipos, sino también el tiempo, la experiencia, la atención y la capacidad de los médicos. La IA y los robots podrían liberar una enorme oferta en diagnóstico, asistencia en cirugías, monitoreo 24/7, atención estandarizada y generación de planes personalizados.
Si en parte esto se realiza, el cambio más importante del futuro no será solo que unos pocos tengan atención avanzada, sino que la capacidad de ofrecer atención de alta calidad se generalice. Aquí, la narrativa grandiosa de Musk y las preocupaciones cotidianas de las personas se cruzan: el valor de la revolución tecnológica no solo está en crear máquinas más poderosas, sino en convertir los servicios de alta calidad en una condición estándar para la mayoría.
En conjunto, esta conversación no presenta un modelo macroeconómico riguroso, sino una “visión futurista impulsada por ingeniería”. En esta visión, las variables más importantes no son las tasas de interés, el empleo o la confianza del consumidor a corto plazo, sino si la inteligencia será suficientemente fuerte, si los robots serán lo suficientemente baratos, si la energía será abundante y si los sistemas de fabricación serán fácilmente replicables. Cuando estas variables fundamentales se superen, la economía, las industrias, la distribución de ingresos e incluso el significado del dinero cambiarán radicalmente.
El atractivo de esta perspectiva es que muestra una posibilidad de escapar de la “ansiedad por la redistribución de la riqueza existente”: en lugar de competir por una porción cada vez menor del pastel, la tecnología puede hacer que el pastel sea mucho más grande. Pero también presenta un reto: lo que la tecnología hace posible, no siempre se realiza automáticamente en la sociedad; incluso si se realiza, no necesariamente será equitativo. Por eso, la predicción de Musk de “diez veces en diez años” debe entenderse no como una certeza, sino como una señal fuerte: indica que en los próximos diez años, lo que más importará no será solo qué tan fuertes sean los modelos de IA, sino si los sistemas de “inteligencia, robots, energía y instituciones” entrarán en una fase de reestructuración simultánea.
Si esa reestructuración realmente ocurre, “diez veces en diez años” no será solo un aumento en cifras económicas, sino una actualización en la forma en que la sociedad humana se organiza. La cuestión más importante entonces no será “¿los robots serán más fuertes que los humanos?”, sino “¿cómo redefiniremos el trabajo, la riqueza, la dignidad y los objetivos de civilización cuando las máquinas sean mucho más poderosas que nosotros?”