¿Alguna vez has pensado en quién está realmente detrás de una de las mayores fortunas de Brasil? Vicky Safra es prácticamente invisible en los medios, pero su historia de riqueza e influencia es absolutamente fascinante.



Después de que Joseph Safra falleciera en 2020, Vicky se convirtió en la principal gestora de un imperio financiero construido a lo largo de casi dos siglos. Hablamos de una mujer que administra un patrimonio estimado en alrededor de 16,6 mil millones de dólares, lo que la coloca entre las más ricas del mundo. Pero lo interesante es que hace todo esto lejos de los focos.

La historia comienza mucho antes de Brasil. Por allá en el siglo XIX, los antepasados de la familia Safra ya financiaban caravanas comerciales en el Imperio Otomano, usando camellos para transportar mercancías. Luego, en 1953, Jacob Safra emigró a aquí y fundó Safra Importación y Comercio, dando los primeros pasos en lo que se convertiría en el conglomerado financiero que conocemos hoy.

Joseph, el hijo menor de Jacob, creció en un entorno internacional. Trabajó en Inglaterra, Estados Unidos y Argentina antes de establecerse en Brasil. Fue aquí donde conoció a Vicky Sarfaty, una joven de origen judío cuya familia había llegado al país en la década de 1950. Se casaron en 1969, cuando ella tenía apenas 17 años. Esta unión no fue solo romántica, sino estratégica para los negocios de la familia.

A lo largo de los años, la pareja tuvo cuatro hijos que fueron preparados desde temprana edad para administrar el grupo. Jacob, el primogénito, se encarga de las operaciones internacionales. David, el más joven, tiene un papel central en los negocios brasileños. La sucesión fue pensada con cuidado, reflejando la filosofía conservadora de Joseph: estabilidad y continuidad por encima de todo.

El patrimonio neto de Vicky Safra hoy proviene principalmente de los activos del Grupo J. Safra. El Banco Safra en Brasil es la joya de la corona, pero también está J. Safra Sarasin en Suiza, operando en banca privada a nivel global. El grupo administra aproximadamente 90 mil millones de dólares. Además, la familia controla un impresionante portafolio de inmuebles de alto estándar internacionales, incluyendo el famoso edificio Gherkin en Londres y propiedades en Nueva York.

No todos en la familia trabajan directamente en el banco. Alberto Safra, por ejemplo, salió del consejo en 2019 pero mantiene participación y creó ASA Investments. Esther Teira Safra lidera la escuela Beit Yaacov en São Paulo. Esta diversificación muestra cómo la familia piensa en múltiples frentes.

Actualmente, Vicky reside en Suiza y vive de forma sumamente discreta. Su presencia pública se da principalmente a través de la Fundación Vicky y Joseph Safra, que invierte en educación, artes y salud. La filantropía siempre ha sido central para la familia, combinando la preservación del capital con impacto social.

Lo que llama la atención es que todo este patrimonio líquido e influencia global no van acompañados de protagonismo mediático. Vicky Safra demuestra que es posible ser una de las mujeres más ricas de Brasil sin aparecer en portadas de revistas ni dar entrevistas. Su modelo de gestión patrimonial, enfocado en solidez y visión a largo plazo, sigue siendo referencia en el escenario financiero internacional, especialmente en tiempos de volatilidad.
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