Hace poco revisé el gráfico de diez años de la cotización del yen frente al dólar, y descubrí un fenómeno muy interesante. El yen pasó de 80 por 1 dólar en 2012, a aproximadamente 155 en mayo de este año, y esto no es simplemente una fluctuación en el tipo de cambio, sino una especie de «gran espectáculo» de política monetaria.



Hablando de las raíces de la depreciación del yen, hay que remontarse a cuando Abe asumió el poder. A finales de 2012, lanzó la «Abenomics», y en 2013 el Banco de Japón empezó a implementar una expansión monetaria a gran escala, con Haruhiko Kuroda en la cabeza, quien desde su nombramiento lanzó amenazas de que inyectarían en dos años el equivalente a 1.4 billones de dólares en moneda. ¿Y qué pasó? La bolsa subió, pero el yen se depreció casi un 30% en esos dos años. Esto fue la primera ola acelerada de depreciación del yen.

El verdadero punto de inflexión ocurrió en 2021. La Reserva Federal empezó a endurecer su política monetaria, mientras que el Banco de Japón seguía manteniendo una política ultra expansiva, y la diferencia de tasas entre EE. UU. y Japón se amplió rápidamente. En ese momento, surgieron las operaciones de arbitraje: la gente tomaba prestado yenes a bajo interés para comprar activos en dólares de mayor rendimiento, lo que aumentaba de inmediato la presión a la depreciación del yen. Para 2024, la situación se volvió aún más extrema: las tasas de interés en EE. UU. subieron por encima del 5% para combatir la inflación, mientras que el Banco de Japón seguía en 0.25%, ampliando la brecha de tasas a niveles absurdos.

En julio de 2024, fue un momento clave: el yen cayó por debajo de 161 por dólar, alcanzando un mínimo de 32 años. Durante ese período, la guerra entre Rusia y Ucrania elevó los precios mundiales de la energía, y Japón, como gran importador de recursos, vio aumentar su déficit comercial, lo que también agravó la tendencia a la depreciación del yen. La sensación del mercado en ese momento era: vender yenes y comprar dólares, ya que pocos confiaban en la moneda japonesa.

Pero en 2025, la situación se complicó aún más. A principios de año, el Banco de Japón subió las tasas a 0.5%, y la Reserva Federal empezó a bajar las suyas, lo que llevó a una recuperación del yen, y el dólar frente al yen cayó de 158 a cerca de 140. Pero esta apreciación no duró mucho, y en el segundo trimestre se invirtió la tendencia. La nueva primera ministra, Sanae Takaichi, continuó con políticas fiscales expansivas, y el mercado empezó a preocuparse por la situación fiscal de Japón, además de que las políticas de aranceles y recortes de impuestos de la era Trump respaldaron al dólar, haciendo que el yen volviera a la senda de depreciación.

Actualmente, el dólar frente al yen vuelve a situarse en el rango de 155-158. A simple vista, parece un juego de políticas monetarias, pero en el fondo, el problema radica en las dificultades estructurales de Japón: alta deuda, bajo crecimiento, envejecimiento poblacional y dependencia de las importaciones de energía. Sin resolver estos problemas, la presión a la depreciación del yen seguirá presente.

Desde una perspectiva de inversión, el yen en niveles históricamente bajos ciertamente ofrece algunas oportunidades en el mercado de divisas. Pero hay que tener claro que la tendencia futura del yen dependerá en gran medida de las decisiones de política monetaria de EE. UU. y Japón, así como de los cambios en la economía global. Si se considera participar en operaciones relacionadas con USD/JPY u otros instrumentos en yen, es fundamental tener un plan de gestión de riesgos bien elaborado, ya que la volatilidad del tipo de cambio es tan intensa que, sin una estrategia cuidadosa, es muy fácil quedar atrapado.
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