Mirando atrás el precio del oro en 2025, ha sido un año bastante intenso. A finales de noviembre el metal tocaba los 4.300-4.350 dólares por onza, consolidando máximos que no veíamos desde hace meses. Lo interesante es cómo llegamos ahí: comenzamos enero en torno a 2.670 dólares y terminamos cerca de 4.350. Eso es casi un 63% de ganancia acumulada.



Lo que me llamó la atención durante todo el año fue la combinación de factores que impulsaron el precio del oro en 2025. Al principio fueron las tensiones comerciales entre EE.UU. y China con aranceles del 145%, luego la geopolítica en Oriente Medio, pero también algo más estructural: los bancos centrales no paraban de comprar. China, Polonia y otros emergentes acumulaban reservas constantemente. Eso fue un soporte constante.

Había momentos donde parecía que el dólar fuerte frenaba el avance, pero la debilidad de los rendimientos de bonos y las expectativas de recortes de tipos terminaban compensando. Técnicamente, el metal rompió barrera tras barrera: primero los 3.000 dólares en marzo, luego los 3.500 en abril, y finalmente alcanzó máximos históricos cerca de 4.350 en diciembre. El RSI pasó de zonas de sobrecompra sin colapsar, lo que sugería demanda genuina.

Lo curioso es que el precio del oro en 2025 subió mientras acciones y cripto también rallaban. Eso no es lo normal. Históricamente el oro sube cuando todo lo demás cae, pero en 2025 fue más bien un rally sincronizado de activos refugio impulsado por incertidumbre macro.

Mirando los últimos meses de 2025, el metal se mantuvo firme en rangos altos. La demanda institucional vía ETFs fue consistente, y aunque hubo volatilidad por noticias geopolíticas puntuales, el sentimiento estructural seguía siendo alcista. Para finales de año, los analistas seguían proyectando que el precio del oro en 2025 cerraría fuerte, y así fue.

Ahora entrando 2026, lo que observo es que ese impulso de 2025 dejó una base sólida. Los bancos centrales no han parado de comprar, la geopolítica sigue siendo incierta, y aunque los tipos muestren señales de estabilización, la demanda de refugio persiste. El oro ha demostrado ser más que especulación: es demanda estructural real.
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