Una figura interesante del mundo de las matemáticas — Grigorij Perelman, nacido en Leningrado en 1966, es el tipo de científico que hoy en día vemos muy raramente. Llegó, resolvió uno de los mayores problemas matemáticos, y luego simplemente decidió que ya había disfrutado bastante de ello.



¿De qué trataba exactamente su asunto? La hipótesis de Poincaré — un problema que durante casi cien años hizo quebrar la cabeza a los matemáticos. Suena complicado, pero su núcleo es simple. Imagina un espacio tridimensional que está cerrado y no tiene agujeros. La hipótesis afirma que es en esencia como una esfera. No una esfera física, que ves en la tienda, sino una forma topológica abstracta. Si no tiene agujeros por los que pasar, es una bola. Si tiene un agujero, puede ser una taza o una burbuja. No se trata de cómo se ve superficialmente — sino de la estructura fundamental del espacio.

Grigorij Perelman no lo hizo de la manera en que lo hacen otras ciencias. Sin conferencias de prensa, sin circo mediático. En los años 2002 y 2003 simplemente subió sus trabajos a arXiv — una plataforma abierta para matemáticos — y allí los dejó. Explicó detalladamente su demostración usando el flujo de Ricci y la topología geométrica. La comunidad matemática lo verificó durante años, porque la prueba era completamente compleja.

¿Y qué pasó después? En 2006 recibió la Medalla Fields, y en 2010 un millón de dólares del Instituto Clay de Matemáticas por resolver el problema milenario. Pero Perelman rechazó todo. Todos los premios, todo el dinero. La respuesta que dio fue básicamente así: ¿para qué necesito premios y dinero, si sé cómo gobernar el mundo?

Desde 2005, 2006, más o menos, se retiró del mundo académico. No asiste a conferencias, no publica nuevos trabajos, no trabaja en universidades. Hoy vive en San Petersburgo con una vida muy reservada junto a su madre. A veces alguien lo fotografía en una tienda, comprando comida barata y pagando en efectivo. Los periodistas lo ven muy de vez en cuando, no da entrevistas.

¿Su motivo para irse? La crítica a cómo funciona la comunidad matemática, y simplemente la falta de interés en la fama y la riqueza. Grigorij Perelman es, en ese sentido, un caso interesante — una persona que resolvió algo que hizo temblar al mundo, y luego decidió que eso era suficiente para él. Sin ego, sin buscar atención. Solo un trabajo científico que se sostiene por sí mismo.
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