Estados Unidos, en abril, el IPC interanual subió un 3.8%, y el IPC subyacente un 2.8%, ambos superando las expectativas, lo que muestra que la inflación sigue siendo resistente. Esto presionó directamente las apuestas del mercado de que la Reserva Federal reducirá las tasas de interés en lo que queda del año, manteniendo los rendimientos de los bonos del Tesoro en niveles altos, el dólar se fortaleció, y las expectativas de liquidez más ajustada presionaron a corto plazo a activos de riesgo como Bitcoin, cuyo precio cayó brevemente cerca de los 80,000 dólares.



La lógica de la transmisión es muy clara: IPC superior a las expectativas → tasas de interés “más altas y por más tiempo” → aumento en el costo del capital → disminución en la preferencia por el riesgo → mayor presión de venta en criptomonedas. Aunque Bitcoin suele ser llamado “oro digital”, en un entorno de altas tasas de interés, su riesgo suele ser valorado primero, y en el corto plazo, tiende a fluctuar en la misma dirección que las acciones estadounidenses y el sentimiento macroeconómico.

Pero también hay que ver que, la entrada neta continua en los ETF de Bitcoin en spot, y el bajo volumen en los intercambios, indican que la demanda de asignación a medio y largo plazo no ha desaparecido; siempre que la inflación no vuelva a subir y las expectativas de reducción de tasas se vuelvan a ajustar, el mercado de criptomonedas aún puede estabilizarse y recuperarse. La clave a corto plazo está en el soporte de 80,000 dólares y en el ritmo de los datos macroeconómicos posteriores.
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