La bolsa japonesa tiene dos traders legendarios, cuyas historias aún se transmiten en el mundo del trading. Uno es el famoso dios del trading BNF, y el otro es el inversor minorista más fuerte CIS, cuya amistad de muchos años y trayectorias similares dejan una impresión profunda.



Lo que más impresiona es aquel incidente de orden erróneo en J-COM. Ese día CIS se hizo famoso, ganando 600 millones de yenes, pero BNF fue aún más impresionante: en solo 10 minutos ganó 2 mil millones de yenes, lo que equivalía aproximadamente a 150 millones de yuanes en ese momento. Este nivel de operación no es cuestión de suerte, sino que se basa en una comprensión profunda del mercado.

El éxito de Takashi Koike (nombre real de BNF) no fue de la noche a la mañana. Primero acumuló riqueza principalmente mediante inversión contraria, especialmente en los años posteriores al estallido de la burbuja de internet en 2000. En ese entonces, los mercados bursátiles globales estaban en tendencia bajista, y el mercado japonés también se vio arrastrado, con la mayoría de los inversores muy pesimistas. Pero él encontró una oportunidad: aunque en un mercado bajista los precios siguen cayendo, también experimentan rebotes una y otra vez. Él se dedicó a aprovechar estos rebotes para ganar dinero.

Su método era muy concreto: observar la desviación del promedio móvil de 25 días. Cuando el precio de una acción se alejaba mucho de la línea de 25 días, por ejemplo, si la línea estaba en 100 yenes pero el precio solo en 80 yenes, y la desviación alcanzaba -20%, él consideraba que el precio estaba gravemente subvalorado y valía la pena comprar. Por el contrario, si el precio superaba demasiado la línea, debía tener cuidado con el riesgo. Este método le permitió acumular desde fondos pequeños en sus inicios hasta 100 millones de yenes.

En 2003, el entorno del mercado cambió. Con la tendencia alcista en la bolsa japonesa, Takashi Koike también ajustó su estrategia. Ya no solo buscaba gangas, sino que empezó a seguir la tendencia, y este cambio hizo que su patrimonio se disparara hasta 8 mil millones de yenes. Su operativa diaria tenía características particulares: hacía operaciones cortas de dos días, manteniendo entre 20 y 50 acciones para diversificar riesgos, y tras obtener ganancias o detener pérdidas, cambiaba rápidamente a nuevos objetivos. Además, era especialmente hábil en aprovechar los efectos de interacción sectorial, por ejemplo, en las cuatro grandes empresas siderúrgicas, si una subía, compraba las otras que aún no habían subido.

La estrategia de CIS, en cambio, es más sencilla y contundente. Su idea central es: las acciones que suben continuamente tienen muchas probabilidades de seguir subiendo, y las que bajan continuamente tienen muchas probabilidades de seguir bajando. Esto suena simple, pero la mayoría no puede hacerlo. Muchos ven que una acción sube un tiempo y temen comprar en la cima, esperando que baje, y terminan perdiendo toda la tendencia en un mercado alcista fuerte. Él cree que el mercado tiene una fuerte continuidad: los fuertes se vuelven más fuertes, y los débiles más débiles. Debemos aceptar la fuerza del mercado, no luchar contra ella.

También enfatiza un punto clave: no aumentes posiciones cuando estás en pérdida. Cuando una operación empieza a ir en contra, la acción más inteligente es aceptar la derrota y cortar pérdidas rápidamente. Muchas personas, en cambio, aumentan sus apuestas, lo que solo hace que las pérdidas crezcan. Lo verdaderamente importante no es la tasa de ganancia, sino el rendimiento global: con pequeñas pérdidas y grandes ganancias, basta.

Ambos legendarios insisten en una cosa: cuando las reglas del mercado se difunden ampliamente, dejan de ser efectivas. El trading requiere una perspectiva única y una percepción aguda. Los traders realmente destacados suelen surgir en medio de crisis y caídas del mercado: cuando la mayoría entra en pánico, son los pocos que pueden responder con calma y actuar con decisión los que destacan. Cuanto mayor sea la volatilidad, más oportunidades ocultas hay.
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