Nunca culpes a los demás por no ayudarte, ni culpes a los demás por no preocuparse por ti. No ayudan porque no vales la pena, no se preocupan porque no lo mereces. No culpes a los demás por sopesar beneficios y perjuicios, pregúntate cuánta valía tienes. Por muy bien que trates a los demás, nunca serás más útil que para ellos. Cuando no tienes valor, incluso si eres suave como un gato, los demás te odiarán por perder pelo. Recuerda, nunca debes confiar en la integridad de las personas, sino en la naturaleza humana, porque frente a los intereses, la integridad puede cambiar, pero la naturaleza humana nunca cambiará...

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