La ruta laboral de los universitarios ahora es tan brutal como una calle de un solo sentido:


Primero, miles de personas compiten por exámenes públicos, concursos de personal y estudios de posgrado, las tres vías están llenas y sin posibilidades;
Después de graduarse, descubren que no pueden entrar en empresas extranjeras, joint ventures o en las buenas empresas estatales nacionales;
Entonces, optan por vender en puestos, crear contenido en redes sociales o emprender con una actitud relajada, pero descubren que la competencia por tráfico y clientes es aún más feroz que buscar trabajo;
Si no pueden competir, solo les queda hacer entregas de comida, repartir paquetes o conducir para plataformas de transporte, el horario 996 se convierte en 007, agotando cuerpo y mente;
Finalmente, no aguantan más y solo pueden trabajar como limpiadores, niñeras o guardias de seguridad... la vida prácticamente se estabiliza en eso.
Lo más doloroso es que esto no es un fenómeno aislado, sino una reducción sistemática de toda una generación de universitarios comunes.
La educación dice que "el conocimiento cambia el destino", pero la realidad golpea duramente con el empleo.
La verdadera salida quizás nunca esté en el "camino correcto" lleno de competencia, sino en aprender a encontrar atajos en medio del caos, construir barreras personales y generar flujo de efectivo.
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