El problema de la minería ilegal de criptomonedas mediante robo de electricidad en Malasia es realmente serio. Recientemente, al ver los datos oficiales, comprendí que en los últimos cinco años las pérdidas por robo de electricidad en minas ilegales alcanzaron los 4.57 mil millones de ringgits, lo que equivale a 1,1 mil millones de dólares, y esta escala ya no es algo pequeño.



Lo que es aún más sorprendente es que, desde 2020 hasta agosto de 2025, TNB (la compañía eléctrica estatal de Malasia) ha detectado un total de 13,827 sitios de robo de electricidad. ¡Más de 13,800 puntos! Imaginen cuántas personas están modificando medidores y conectando líneas clandestinas para robar electricidad y minar Bitcoin y otras criptomonedas. El Ministerio de Energía describió este fenómeno de manera muy clara: no solo se trata de robo de electricidad, sino de un saqueo de recursos nacionales, que amenaza el sistema eléctrico, la seguridad pública y la estabilidad económica.

La fuerza policial del gobierno también está intensificando sus acciones. En agosto del año pasado, se reportó que las autoridades utilizaron maquinaria pesada para aplastar 985 mineros, reduciéndolos a chatarra, y destruyeron equipos valorados en 1,97 millones de ringgits. Este tipo de acciones contundentes ciertamente puede disuadir a algunos, pero claramente no es suficiente, por lo que TNB ahora también ha puesto en marcha medidas tecnológicas: han desplegado numerosos medidores inteligentes y están probando en subestaciones monitores de transformadores de distribución de alta resolución, con la intención de detectar comportamientos sospechosos mediante datos de consumo eléctrico.

Lo interesante es que en Malasia, minar Bitcoin en sí mismo no es ilegal; el problema radica en el robo de electricidad. Según la Ley de Suministro de Electricidad de Malasia, alterar las líneas eléctricas sin permiso es un delito, que puede conllevar una multa de 1 millón de ringgits o una pena de prisión de 5 años. En casos graves, la multa puede llegar a 5 millones de ringgits y 10 años de cárcel. La ley tiene un fuerte efecto disuasorio.

Toda esta historia refleja un fenómeno: mientras las ganancias sean suficientemente altas, siempre habrá quienes se arriesguen a robar electricidad. El gobierno de Malasia ha estado intensificando sus esfuerzos de investigación desde 2018, y todavía continúa reforzando las acciones, lo que indica que el problema de la minería ilegal mediante robo de electricidad no se resolverá en poco tiempo.
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