Las regulaciones de criptomonedas en Malasia han cambiado bastante en los últimos años.



Antes, tenían una postura ambigua respecto a las criptomonedas, diciendo que "no son moneda de curso legal y su uso no está regulado", pero desde 2018, han ido endureciendo gradualmente. Lo que destaca especialmente es que Malasia ha establecido un "sistema de doble regulación". El Banco Nacional de Malasia (BNM) se encarga de las medidas contra el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, mientras que la Comisión de Valores (SC) supervisa los activos digitales con características de valores.

El manejo de los impuestos también es interesante. En Malasia no hay impuesto sobre las ganancias de capital, por lo que a simple vista las ganancias de criptomonedas parecen no estar gravadas. Sin embargo, en la práctica, depende del uso. Las personas que comercian activamente o son consideradas traders diarios pueden ser gravadas como ingresos comerciales. Por otro lado, si solo mantienen a largo plazo, las autoridades fiscales tienen menos interés en intervenir. Este sistema de impuestos basado en el "uso" busca mantener la flexibilidad del mercado y asegurar ingresos fiscales de manera equilibrada.

En 2019, la SC anunció la regulación de activos digitales, lo que fue un punto de inflexión. Se establecieron requisitos para solicitudes de ICO y IEO, protección a los inversores y cumplimiento para las plataformas de intercambio. Plataformas como Luno y Tokenize obtuvieron licencias, y el mercado comenzó a normalizarse gradualmente.

En agosto de 2024, la SC revisó sus directrices, haciendo más detalladas las regulaciones para los servicios de custodia de activos digitales. En cuanto a nuevas formas como DeFi, stablecoins y NFT, mantienen una postura de "monitoreo cuidadoso" en lugar de prohibirlas.

Personalmente, creo que el enfoque de Malasia es una estrategia realista de "no matar la innovación y gestionar los riesgos". Mientras el mercado de criptomonedas crece, intentan equilibrar la estabilidad del sistema financiero y la protección de los inversores. Se espera que en el futuro, las regulaciones se vuelvan más precisas en línea con los estándares internacionales (como las recomendaciones del GAFI). Un marco regulatorio gradual y transparente como el de Malasia podría servir de ejemplo para otros países en la región de Asia-Pacífico.
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