Recientemente vi una mesa redonda en la Carnaval Web3 de Hong Kong, donde varios expertos del sector discutían sobre el "círculo dorado" de DePIN: máquinas que generan activos y stablecoins que completan los pagos. Este tema es bastante interesante, ya que parece tocar algunos aspectos del futuro de la economía.



Primero, está el problema de la colaboración ecológica. Las stablecoins están evolucionando de ser simplemente herramientas de pago a convertirse en activos que generan intereses. Imagina que, cuando los dispositivos DePIN generan ingresos, estos pueden ser distribuidos directamente a los poseedores mediante stablecoins. Esto no es un concepto nuevo, pero en el contexto de la economía de las máquinas, se vuelve especialmente importante. La programabilidad de las stablecoins, su capacidad de operar las 24 horas, sin fronteras, las hace muy adecuadas para pagos entre máquinas. Alguien mencionó que en el futuro cada robot podría tener una billetera criptográfica, y que la capa de liquidación de esa billetera probablemente sería una stablecoin.

Pero el verdadero problema radica en que la infraestructura actual de stablecoins aún no es lo suficientemente madura. La fragmentación es un gran desafío: hay demasiados tipos de stablecoins, existen fricciones entre cadenas, y además los marcos regulatorios varían mucho entre países. Desde el punto de vista técnico, en realidad todo está preparado: liquidaciones en subsegundos, comercio de alta frecuencia, micropagos (incluso de 0.0001 dólares), estos no son problemas. Pero hay una gran distancia entre tener módulos tecnológicos listos y lograr una coordinación unificada y una adopción masiva.

Lo interesante es que el verdadero motor para una adopción masiva no será educar a los usuarios sobre qué es la cadena de bloques, sino el valor práctico de las aplicaciones. Como en algunos países con monedas fiduciarias débiles, donde las monedas digitales reguladas se popularizaron primero, la adopción masiva de la economía de las máquinas ocurrirá cuando realmente genere beneficios económicos. Cuando los usuarios pasen de pensar "estoy usando un dispositivo" a "este dispositivo está ganando dinero para mí", la narrativa cambiará por completo. Los fabricantes de dispositivos también pasarán de un modelo de compra única a uno de ingresos y participación a largo plazo.

En la discusión también se mencionó una brecha clave: la identidad de las máquinas y la capa de protocolos de aplicaciones. Sin identidad, las máquinas son como personas sin documentos en regiones no desarrolladas, que no pueden acceder al sistema financiero tradicional. Esto requiere un mapeo a entidades legales. Además, reglas de autorización de pagos, fijación de precios, valoración, etc., deben convertirse en protocolos que las máquinas puedan leer directamente. Esa es la verdadera limitación.

Alguien sugirió que países en desarrollo como Laos ya están preparados. No están atados a los sistemas existentes y podrían convertirse en pioneros en la adopción de nuevas tecnologías. Sumado a sus ventajas industriales (como la energía solar), los pagos máquina a máquina podrían implementarse allí más rápidamente. En este proceso, las stablecoins actúan como un puente, conectando el valor generado por las máquinas con el sistema económico del mundo real.

El núcleo de toda la discusión en realidad es que las stablecoins no son solo herramientas de pago, sino infraestructura fundamental para la economía de las máquinas. Pero para lograr esa visión, hay que resolver problemas de fragmentación, fricciones entre cadenas, identidad de las máquinas y protocolos de aplicaciones. No es solo un problema técnico, sino un problema de coordinación ecológica.
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