Desde actores de Wall Street se ha emitido una advertencia interesante. Mientras las máquinas ejecutan operaciones a la velocidad de la luz, los sistemas de mercado construidos por humanos no pueden seguir ese ritmo.



Pensándolo bien, esto señala un problema bastante fundamental. La infraestructura del mercado y las plataformas que ofrecen servicios de información, así como la estructura del mercado de activos digitales desde un punto de vista institucional, han sido diseñadas principalmente al ritmo humano. Pero en realidad, en las salas de operaciones, los algoritmos operan a una velocidad mucho mayor que el tiempo de reacción de los humanos.

En última instancia, aunque el mercado intente ponerse al día con la velocidad de las máquinas, en ese proceso la toma de decisiones humanas y la transparencia del mercado inevitablemente se ven retrasadas. Tanto los reguladores como los proveedores de infraestructura enfrentan el desafío de cómo responder a esta asimetría.

Estas distorsiones en la estructura del mercado son especialmente evidentes en clases de activos con alta volatilidad. De cara al futuro, vale la pena observar cómo los participantes del mercado llenarán esta brecha o crearán nuevos mecanismos.
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