El inversor de criptomonedas que entra en pánico y se deshace de todo en el fondo no es ningún imbécil.


Es humano.
La evolución nos programó para salir corriendo del peligro. Un desplome del 60% en la cartera dispara la misma reacción neurológica que una amenaza física real.
Saber esto no hace que aguantar resulte más sencillo.
Pero sí implica que el enemigo no es el mercado.
El enemigo siempre es ese rincón de tu cerebro que fue diseñado para un mundo en el que no existían las carteras de inversión.
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