Cuando la tasa de financiamiento alcanza un extremo, en el grupo empiezan a gritar "¡Vamos con la contraparte!".


Normalmente, primero controlo la impulsividad: o realmente tengo confianza en captar el punto de inflexión emocional, o prefiero evitar la volatilidad, ganar menos también está bien.
En pocas palabras, confío más en esos “datos lentos” en la cadena, si el TVL y el flujo de efectivo no siguen el ritmo, no me interesa participar en un juego impulsado solo por emociones.

Y además, en estos momentos es cuando más fácil es hacer operaciones desordenadas: aumentar la posición, poner stop-loss, volver a perseguir…
Lo que más temo no es la lentitud, sino el caos—la lentitud aún se puede esperar, el caos rompe tus propias reglas.
Recientemente, se ha discutido mucho sobre las tarifas de NFT, los creadores quieren ingresos, y en el mercado secundario también quieren liquidez, pero al final todo vuelve a la cuestión de “quién asume los costos de fricción”, y cuando el mercado se agita, se parece más a esas tasas de financiamiento donde todos se aprietan entre sí.
De todos modos, solo dibujo pequeños gráficos, si no hay que mover nada, no muevo.
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