Antes solía trabajar con esfuerzo, de nueve a cinco, agotado hasta el colapso, y mi salario era muy escaso. Después de pensarlo bien, simplemente cambié de profesión y me convertí en un pato.


No necesito mirar la cara del jefe, ni competir en horas extras, todo depende de mi habilidad para ganarme la vida. Ser un pato parece simple, pero en realidad requiere precisión en el fuego, medida y paciencia, cocer a fuego lento, cocinar lentamente, solo así se puede impregnar de sabor y aroma.
Los demás siempre disfrutan de hacer comentarios y burlas, diciendo cosas sin sentido, pero yo nunca me lo tomo a pecho. Ganar con habilidades, vivir de manera limpia, sin robar, sin hacer trampa ni conformarse. La vida es como ser un pato, mantener la calma, soportar la soledad, superar las pruebas del fuego y la fragua, y al final cosechará su propio aroma fresco y estabilidad, la vida sigue siendo sabrosa y llena de significado.
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