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Recientemente vi un análisis muy interesante, en el que el Banco de Cooperación de los Países Bajos planteó una pregunta que he estado reflexionando: ¿por qué la referencia del dólar estadounidense en el mercado de divisas se está volviendo cada vez más inestable? La respuesta puede ser mucho más compleja de lo que imaginas.
Tradicionalmente, todos decíamos que la tendencia del dólar estaba determinada por las tasas de interés y la inflación. Pero la situación actual es completamente diferente. Políticas comerciales, sanciones, movimientos diplomáticos—estos factores geopolíticos están impactando directamente la lógica de la fijación de precios en el mercado de divisas. Los anuncios recientes de aranceles son un ejemplo típico, que han alterado directamente los pares de divisas. No se trata de pequeñas fluctuaciones, sino de un cambio en todo el paradigma del mercado.
El análisis del Banco de Cooperación de los Países Bajos señala que los bancos centrales de los países ya han incorporado los riesgos geopolíticos en sus marcos de decisión. La referencia del dólar solía reflejar puramente datos económicos, pero ahora se ha convertido en un barómetro de la estabilidad política. Esto significa que los operadores y los inversores deben seguir tanto los informes económicos como los movimientos diplomáticos—el mercado de divisas ya no es solo un juego de números, sino una manifestación del equilibrio de poder.
Mirando los datos, esto se hace evidente. La participación del dólar en las reservas globales cayó del 71% en 2000 al 59% en 2024. Los datos del FMI respaldan que esta tendencia continuará. Los bancos centrales están diversificando activamente sus reservas—en 2024, las compras de oro alcanzaron récords, y la asignación de yuanes, euros y yenes también está en aumento. La lógica detrás de esto es clara: los bloques geopolíticos están redefiniendo las decisiones de reserva, con países aliados a EE. UU. tendiendo a mantener más dólares, mientras que los rivales reducen su exposición al dólar.
Más interesante aún son los cambios en el nivel del comercio. Los acuerdos bilaterales cada vez más regulan las liquidaciones en moneda local. El comercio entre China y Rusia es un ejemplo típico, donde la proporción de uso del yuan y el rublo está en aumento, y la posición monopolística del dólar como moneda intermediaria se está desmoronando. Las nuevas rutas comerciales creadas por la externalización cercana y la externalización amistosa también generan una demanda por monedas alternativas. Esto es un cambio estructural, no una fluctuación cíclica.
El control de capital también ha regresado. Durante crisis geopolíticas, los países implementan restricciones para gestionar la salida de capital, lo que crea desconexiones entre las referencias en dólares dentro y fuera del país. Verás que el yuan offshore (CNH) se negocia con una prima respecto al yuan en tierra (CNY), y esta divergencia hace que las estrategias de cobertura sean mucho más complejas. Los inversores ahora enfrentan mayores riesgos de base—una referencia en dólares en una jurisdicción puede no reflejar la oferta y demanda globales en absoluto.
¿Y qué significa esto para los operadores? Los modelos tradicionales de divisas ya están obsoletos. La capacidad explicativa de las diferencias en tasas de interés está disminuyendo, y ahora hay que incorporar las puntuaciones de riesgo geopolítico en los algoritmos de trading. El Banco de Cooperación de los Países Bajos recomienda incluir variables estratégicas nacionales—esto añade niveles de análisis, pero también aumenta la precisión.
Los inversores que poseen activos en dólares enfrentan un nuevo entorno de riesgo. La cobertura de divisas se vuelve más cara y más difícil de gestionar eficazmente. El banco sugiere usar opciones para gestionar riesgos extremos y adoptar estrategias de cobertura dinámicas. A corto plazo, la volatilidad del dólar en referencia será mayor—los shocks impulsados por noticias serán más frecuentes. Pero la tendencia a largo plazo es clara: la posición dominante del dólar se está debilitando gradualmente.
Curiosamente, esta visión no es solo la opinión del Banco de Cooperación de los Países Bajos. El Banco de Pagos Internacionales (BIS) también ha notado el aumento del papel de la geopolítica en las divisas. Una encuesta de la Comisión Global de Divisas muestra que el 68% de los operadores ahora consideran que la geopolítica es un factor principal, frente al 45% en 2020. La investigación académica también respalda esta tendencia—el estudio del FMI de 2023 encontró que la distancia geopolítica reduce directamente el uso bilateral del dólar.
El Banco de Cooperación de los Países Bajos estima que para 2030, la participación del dólar en las reservas globales podría caer por debajo del 50%. Esto suena a una desdolarización, pero en realidad es un proceso de reconfiguración más complejo. El dólar seguirá siendo la principal moneda de reserva, pero su papel ya no será indiscutible. Es posible que surja una doble referencia del dólar—una para los aliados, otra para otros países—lo que aumentará la complejidad del mercado.
En resumen, el mercado de divisas está entrando en una era completamente nueva. Las estrategias nacionales ahora están moldeando directamente las referencias en divisas, y los operadores e inversores deben actualizar sus métodos de análisis. Los participantes que ignoren este cambio corren el riesgo de quedarse atrás. La estrategia geopolítica debe integrarse en los modelos de divisas; esto no es opcional, sino imprescindible.