A veces, cuando dejas ir algo, la gente puede pensar que eres débil, pero en realidad, eres fuerte ante Allah porque resististe el susurro del ego y de Shaytan, quienes siempre te empujan a pelear, a discutir y a buscar venganza. Al perdonar o pasar por alto, no solo eres misericordioso con la otra persona, sino que también proteges tu propio corazón de la amargura, el odio y el estrés constante. Cuando dejas ir, te liberas de las cadenas de la ira y el resentimiento. Esa libertad te permite concentrarte en tu conexión con Allah, en tus oraciones, en tu paz mental y en tu preparación para el Más Allá.

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