Un crucero ha quedado varado frente a la costa de Cabo Verde durante días.


Tres muertos. Varios más enfermos. ¿La causa oficial? Hantavirus. Un patógeno transmitido por roedores a través de excrementos, orina y saliva, que ahora afirman también puede propagarse por el aire.
¿Alguno de esto te resulta familiar?
Recuerda hace cinco años. Un murciélago. Un pangolín. Un mercado húmedo en Wuhan. La Diamond Princess en cuarentena frente a Japón. Cruceros en cuarentena en puertos italianos. Mismo guion. Mismo escenario.
Pero esta vez hay un giro.
Se dice que una mujer abandonó el barco y colapsó dentro de un aeropuerto, posiblemente exponiendo a todos los viajeros a su alrededor. Eso no es una noticia. Eso es la escena inicial de Contagio.
Y justo a tiempo, los medios tradicionales están amplificando clips de voces independientes, no para informarte, sino para sembrar el miedo.
Observa el patrón. Siempre comienza igual:
"No hay motivo de alarma. Las autoridades están monitoreando la situación de cerca."
Esa frase es el termostato. Una vez que suficientes personas aceptan la premisa, el dial se ajusta. La cobertura se intensifica. El miedo se escala. La vigilancia se convierte en mandatos.
Ya hemos visto esta película antes.
Pregúntate por qué están promocionando la secuela.
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