Estos días, revisando rutas de transacción en la cadena, cada vez más pienso que lo de la “privacidad” no es para tomárselo tan románticamente. En pocas palabras, lo que los usuarios comunes pueden esperar es: que otros no relacionen de un vistazo tu billetera con tu identidad real, pero lo que haces en la cadena, los caminos que recorres, muchas veces es rastreable. La conformidad no es solo una frase, la regulación de los stablecoins, auditorías de reservas, y los rumores de “despegue de anclaje” que circulan en los grupos, hacen que incluso yo sienta que las emociones se me llevan… Pero antes de actuar, siempre hay que preguntar: ¿estoy protegiéndome a mí mismo, o solo buscando una excusa que suene más segura?



Mi enfoque actual es bastante cobarde: si puedo evitar usar herramientas grises, mejor no usarlas, dividir por direcciones, por usos, no ligar la línea de mi tarjeta de salario a la cadena; y tampoco esperar que “usar algún método de privacidad” te haga desaparecer por completo, al contrario, puede hacerte más visible. Ayer un amigo me preguntó “¿si cambias de billetera ya no se puede rastrear?”, y solo pude decir… no te hagas muchas ilusiones. En cuanto a riesgos, primero baja tus expectativas, así tu estado de ánimo puede ser un poco más estable.
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