Anoche recibí un pedido, la nota decía: "No golpes, deja la comida en el suelo, saldré a recogerla." Pensé que era otro joven con ansiedad social, no le presté atención. Cuando llegué, era un edificio antiguo de apartamentos en el sexto piso, sin ascensor. Dejé la comida en la puerta, tomé una foto, y me preparé para irme. De repente, la puerta se abrió, era una niña pequeña, de unos siete u ocho años, delgada como un tallo de bambú. Ella dijo: "Tío, ¿puedes ayudarme a llevar la comida adentro? La mano de mi mamá no alcanza."

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