Hace unos años, un corredor que insistía en correr por la mañana


Todos los días a eso de las 7 en punto en su ruta fija
Un día, a las 4 de la madrugada, de repente se despertó
Dando vueltas, no podía dormir
Pensó que sería mejor levantarse y salir a correr
¿Seguiría la misma ruta de siempre?
Al llegar junto al río, encontró un teléfono móvil en el suelo
Lo levantó y presionó el botón de encendido
La pantalla mostraba una carta de despedida
Su mente se llenó de una instrucción clara
Correr río adelante
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