Anoche hice entregas de comida, a medianoche recibí un pedido con la nota: lleva más una bolsa de medicina para despertarse.


Lo entregué en la puerta de una cabina de KTV, dentro todavía estaban gritando "Muero, pero aún así te amaré".
Una mujer con maquillaje pesado abrió la puerta, tomó la medicina y me metió el dinero en la mano.
Detrás de ella, en el sofá, había un hombre de mediana edad, con el traje arrugado y la corbata medio desatada.
Le pregunté si quería que llamara un conductor designado, ella dijo que no, y luego se apoyó en la puerta con la mano.
Cuando me di la vuelta para irme, la escuché susurrarle al hombre: "Ponete en pie, mi esposo te está esperando abajo".
Esa mujer luego llamó a un conductor designado y se fue.
La vi meterse en un coche de servicio, las luces encendidas, en el asiento del lado trasero, a la izquierda, había un niño de unos siete u ocho años, con la cara pegada a la ventana, la nariz aplastada contra el cristal.
Las luces de neón del KTV iluminaban la ventana lateral de un BYD blanco, él no dormía ni hacía señas, solo apoyó la palma de la mano en el interior de la ventana, hasta que el coche se alejó del bote de basura debajo del edificio de alquiler.
Entonces me di cuenta de que ese coche de servicio ya había llegado y se había ido, el conductor no apagó el motor, volvió a recogerla.
Mientras esperaba abajo, ese niño estuvo mirando el reflejo en la ventana del segundo piso, en el reflejo no había yo, solo él mismo.
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