Desde hace mucho tiempo me he preguntado cuántos líderes en todo el mundo tienen sus cuerpos preservados de forma permanente. Al investigar, descubrí que en realidad solo hay cinco. Y lo interesante es que, detrás de esto, no solo hay una cuestión tecnológica, sino que las decisiones políticas de cada época han tenido una gran influencia.



Empieza con la historia de Lenin, quien es como un pionero en la preservación permanente de cuerpos en la actualidad. Cuando falleció en 1924, parecía que sería enterrado normalmente, pero debido a la gran ovación popular en su homenaje, se decidió congelarlo de forma urgente. Después, los científicos de la Unión Soviética realizaron múltiples experimentos y desarrollaron un líquido anticorrosivo especial. Es una técnica bastante ingeniosa que reemplaza la humedad del cuerpo para inhibir las bacterias.

En la tumba de Lenin se instaló un sistema de enfriamiento constante, y expertos realizan reparaciones semanalmente. Además del mantenimiento regular, a veces se necesitan pequeñas cirugías de trasplante. Gracias a estos procesos rigurosos, su cuerpo ha sido preservado en un estado casi perfecto durante casi 100 años.

Pero aquí es donde se vuelve interesante: el cuerpo del líder soviético Stalin tomó un destino diferente. Fue enterrado en la tumba de Lenin en 1953, pero en 1961, con el cambio de valores en la época, fue incinerado. Es decir, no solo la tecnología de conservación, sino también las decisiones políticas de cada momento, influyen mucho en qué pasa con estos cuerpos.

Lo mismo ocurrió con Ho Chi Minh en Vietnam. Él quería ser cremado, pero su sucesor decidió preservarlo. Durante la guerra de Vietnam, estuvo escondido en una cueva durante cinco años, y los expertos soviéticos completaron el proceso de conservación en una cueva subterránea, evitando los bombardeos. Eso demuestra el esfuerzo que implicó.

En el caso de Nétu en Angola, hubo desafíos técnicos adicionales. Fue necesario desarrollar una tecnología de conservación de pigmentos que respondiera a la piel negra. Actualmente, solo se exhibe públicamente en su cumpleaños una vez al año.

Por otro lado, también hay ejemplos de fracasos. Gottwald no pudo ser preservado adecuadamente, y en 1962 su cuerpo se pudrió y fue incinerado. Gimtrof fue conservado durante más de 40 años, pero con los cambios políticos en Europa del Este, fue incinerado y enterrado en un mausoleo.

El cuerpo de Jovar en Mongolia también fue destruido en 2005, cuando su mausoleo fue destruido y fue cremado siguiendo rituales budistas.

Al ver todo esto, la preservación permanente de cuerpos es tanto un producto de la tecnología como de la historia. Aunque la tecnología avance, sin el reconocimiento y las decisiones políticas de cada época, no sería posible. Los cuerpos en ataúdes de cristal son, sin duda, testimonio de la tecnología, pero también reflejan la historia.
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