¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si simplemente dividimos todo el dinero del mundo por igual? Como si un granjero en Wisconsin obtuviera lo mismo que un alfarero en Delhi o un dentista en Sídney. Suena loco, ¿verdad?



Resulta que en realidad hay un número para esto. Y es más interesante de lo que pensarías.

Así que aquí está la cosa: cuando hablamos de dinero en el mundo por persona, nos referimos a la oferta monetaria M2. Eso es básicamente todo el efectivo que realmente está en circulación, más los depósitos bancarios a los que puedes acceder bastante rápido (cuentas de ahorro, fondos del mercado monetario, ese tipo de cosas). No bienes raíces ni acciones ni nada por el estilo, solo el dinero que es realmente líquido y está disponible.

Según datos de CEIC de 2024, la oferta monetaria global M2 se sitúa en alrededor de 123,3 billones de dólares. Suena increíble, ¿verdad? Pero luego divides eso por la población mundial, que es de aproximadamente 8,16 mil millones de personas, y de repente se vuelve real.

Cada persona en el planeta recibiría aproximadamente 15,108 dólares. O unos 13,944 euros si quieres hacer las cuentas. Eso es suficiente para un coche usado, básicamente. De hecho, un análisis señaló que literalmente podrías comprar un Dacia Sandero con esa cantidad. Sin mejoras, pero bueno.

Para ponerlo de otra manera: eso quizás sea dos años de compras para un hogar promedio. No es exactamente dinero que cambie vidas cuando lo piensas a nivel global.

Ahora aquí es donde se pone interesante. Si haces el mismo cálculo solo para España, los números parecen un poco mejor. España tenía una M2 de aproximadamente 1,65 billones de dólares a finales de 2024, con una población de alrededor de 49 millones. Eso equivale a aproximadamente 33,571 dólares por español, o unos 30,968 euros. Así que el efectivo per cápita en España es en realidad el doble del promedio global.

Es un experimento mental útil para entender cuánto dinero hay en el mundo por persona y por qué la distribución de la riqueza global es tan desigual. El efectivo está ahí afuera, pero está concentrado en todas partes excepto donde debería estar. La verdadera riqueza — propiedades, negocios, activos — eso es una historia completamente diferente y mucho más desigualmente distribuida.
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