Últimamente vi que el presidente del Comité de Asesores Económicos de Estados Unidos explicaba el problema de la deuda pública, y cuanto más explicaba, más enredado quedaba. En realidad, la lógica de imprimir dinero que hay detrás, aunque parece simple, confunde a mucha gente, incluyendo a los decisores.



¿Alguna vez has pensado por qué, si la Reserva Federal puede imprimir dólares directamente, todavía se esfuerza en vender bonos al público? Es una buena pregunta, pero la respuesta requiere un poco de pensamiento crítico.

Empecemos por lo básico de la oferta monetaria. M0 es la definición más estrecha de dinero, que solo incluye el efectivo en circulación y las reservas bancarias. Un nivel superior es M1, que añade los depósitos a la vista y los cheques de viaje. Luego está M2, que incluye depósitos del mercado monetario, depósitos a plazo, etc. Mirando los datos históricos, se puede ver cuán exagerado fue el crecimiento de M1 y M2 después de 2020 — esto es una manifestación directa de la impresión de dinero.

¿Y cómo se imprime el dinero? Esto involucra la expansión cuantitativa (QE). Durante las crisis financieras, la Reserva Federal compró en masa bonos del gobierno y valores respaldados por hipotecas mediante QE. En la crisis de 2008, compraron más de 1.5 billones de dólares en activos, y en 2020, tras el impacto de la pandemia, en solo 2 años añadieron más de 5 billones de dólares. La escala es asombrosa, y compararlo ayuda a entenderlo mejor.

Como banco central, la Reserva Federal tiene una capacidad única para crear dinero. Cuando ejecuta QE, en realidad está creando reservas bancarias de la nada — un proceso puramente digital. Los operadores primarios actúan como intermediarios, y la Fed acredita las nuevas reservas en sus cuentas, mientras que los bonos del gobierno se registran en su balance. Es como en un juego de Monopoly, donde de repente alguien trae dinero nuevo y cambia toda la cantidad de dinero en juego.

Pero, ¿por qué no imprimir dinero directamente para resolver el déficit? Si se hiciera así, Estados Unidos se convertiría en lo que llaman una "república bananera". La impresión ilimitada de dinero provocaría una inflación descontrolada, con precios que suben exponencialmente, y la confianza en el dólar como reserva de valor y medio de intercambio colapsaría. Mirando a Venezuela y Líbano, se entiende qué tipo de escenario es ese: calles llenas de papel moneda, donde necesitas un carrito de dinero para comprar algo, y los precios cambian cada minuto.

Por eso, la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro deben crear un sistema complejo para encubrir la verdad de la impresión de dinero. Venden bonos, incluso se los compran a sí mismos. Esto envía la señal al público de "estamos tomando prestado, no imprimiendo dinero sin límites", y también ayuda a expandir la oferta monetaria. Actualmente, la deuda pública de EE.UU. ya alcanza los 34.6 billones de dólares. ¿Quién compra estos bonos? Personas con IRA, 401K, bancos, bancos centrales extranjeros, e incluso la propia Fed.

El efecto Cantillon explica por qué este dinero recién impreso primero fluye hacia las instituciones financieras y el gobierno, y luego lentamente llega a las cuentas de las personas comunes. Los primeros en beneficiarse son los que obtienen los fondos nuevos, mientras que otros experimentan un efecto retardado, y finalmente soportan la caída del poder adquisitivo por la inflación.

Si incluso el economista jefe del país está confundido con este sistema, es aún más fácil que los ciudadanos comunes se pierdan. Pero una vez que entiendes cómo funciona la impresión de dinero, puedes ver claramente por qué los precios de los activos se disparan, por qué la riqueza de algunos se expande, y por qué el poder de compra de otros se reduce. Este espectáculo seguirá, mientras la mayoría no comprenda la lógica detrás.
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