Nuestra generación es bastante extraña. Desde pequeños, en realidad, no fuimos adoctrinados.


Si vinieras de esa época, sabrías que en todas partes hay lavado de cerebro. Los libros de texto escolares, las obras de cine y televisión, los materiales de lectura, los carteles publicitarios en las calles, incluso en las cajas de lápices, todos tienen lemas de lavado de cerebro.
Pero nadie en nosotros cree en ello. No solo yo no creo, mis compañeros y amigos tampoco creen.
¿No te parece extraño?
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