Acabo de revisar una operación, no fue injusto perder pero sí bastante molesto: originalmente planeaba una pequeña posición para probar, pero al ver que la vela se movía, me entró la ansiedad, y al hacer una orden al mercado, el deslizamiento me dejó atónito... En pocas palabras, no miré la profundidad, el libro de órdenes era tan delgado como papel, y además intenté seguir la tendencia en dos pasos, todo el ritmo se desordenó. Luego pensé, en ese momento también estaba en mi cabeza la discusión sobre el índice del dólar y esa idea de "las expectativas de recortes de tasas traen riesgo y los activos se animan", cuanto más miraba, más temía perderme algo, y cuanto más temía, más fácil era pulsar sin pensar.



En la nota escribí "Primero poner órdenes limitadas, dividir las órdenes, no darme espacio para excusas", pero luego hice como si no lo hubiera visto. El stop loss sí lo puse según las reglas, pero la lección de esta vez es: no cada subida vale la pena seguirla, especialmente cuando la liquidez es escasa, apresurarse a cerrar una operación solo está regalando propina al mercado. Mañana voy a reducir la velocidad, volver a practicar el ritmo de las órdenes, total, mientras esté vivo, habrá otra oportunidad.
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