Me di cuenta después de empezar a registrar que mi forma de juzgar si un proyecto es confiable o no en realidad es bastante emocional: durante el día miro las velas, por la noche reviso GitHub como si fuera revisar mi lista de amigos… pero al menos tengo un ancla. Por ejemplo, si el código no se ha movido en meses y solo depende de anuncios para actualizarse, eso ya me resta puntos; tampoco hay que confiar demasiado en los informes de auditoría, reviso qué cambios hicieron exactamente, si hay “riesgos conocidos dejados de lado”, esas expresiones ambiguas me dejan más preocupado después de leerlas. Lo mismo con las firmas múltiples, en realidad es “quién puede mover el dinero”, tener muchas personas no significa que sea seguro, lo importante es si los firmantes son independientes entre sí, si hay bloqueo de tiempo, no sea que en caso de problema todos desaparezcan. Últimamente, los esquemas de minería social y tokens de fans, esa idea de “la atención es minería”, también están bastante en auge, pero me parecen como las luces de neón en la noche: brillan de verdad, pero ¿quién paga la electricidad, quién tiene el interruptor…? En fin, primero voy a anotar estos pequeños detalles, al menos para poder echarles un vistazo la próxima vez que me emocione, y así poder calmarme unos diez segundos.

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