Acabo de encontrarme con un informe interesante de JPMorgan que contiene una predicción bastante audaz del precio del oro para 2028. Los analistas creen que el oro podría alcanzar los 6000 dólares por onza para entonces, lo cual es un aumento considerable respecto a los niveles actuales.



Lo que me fascina de este análisis no es solo la meta en sí, sino la lógica que hay detrás. JPMorgan argumenta que estamos viviendo un cambio estructural en la asignación de activos. Actualmente, los inversores privados globales solo mantienen aproximadamente un 2,6 por ciento de su patrimonio en oro, mientras que casi un 48 por ciento se invierte en acciones. La predicción se basa en que esta proporción de oro aumente al 4,6 por ciento, y para lograrlo, el precio del oro tendría que subir aproximadamente un 110 por ciento.

Lo interesante de esto es el trasfondo: los inversores empiezan a entender que los bonos tradicionales ya no funcionan tan bien como protección contra riesgos en las acciones como solían hacerlo. Después de las turbulencias de este año, donde tanto las acciones como los bonos a largo plazo cayeron simultáneamente, muchos buscan alternativas. El oro se discute cada vez más como un instrumento de protección estructural; esto es realmente algo nuevo en comparación con los años 70, cuando el oro se compraba principalmente por temores de devaluación monetaria.

La predicción del precio del oro para 2028 de JPMorgan calcula específicamente que en el cuarto trimestre de 2026 el precio ya alcanzará los 5055 dólares por onza, para luego seguir subiendo. El contexto macroeconómico, con incertidumbres geopolíticas y preocupaciones inflacionarias, realmente favorece un aumento en la demanda de oro.

Pero, sinceramente: todo esto son suposiciones que dependen de si realmente ocurrirá este cambio estructural en la asignación de activos. El desarrollo real estará influenciado por muchos factores: política de la Fed, movimientos del dólar, datos macroeconómicos globales. A pesar de la reciente corrección, sigo viendo una fuerte demanda en los ETFs de oro físicos, lo que indica que muchos inversores mantienen esta tesis a largo plazo.

Quien siga el tema, debería estar atento a la evolución de estos impulsores. Será interesante ver qué tan rápido cambian realmente las asignaciones.
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