He estado leyendo datos interesantes sobre lo que está sucediendo en el panorama de la riqueza en este momento, y honestamente, los números son bastante sorprendentes. Estamos en medio de lo que los analistas financieros llaman la gran transferencia de riqueza, y va a transformar todo sobre cómo las generaciones más jóvenes piensan sobre el dinero.



Así que aquí está la escala: se espera que más de 84 billones de dólares cambien de manos para 2045. Eso no es un error tipográfico. Mientras que unos 12 billones van a la caridad, el resto fluye directamente a los herederos. ¿La razón? Las generaciones mayores acumularon una riqueza enorme después de la crisis financiera, y la mayor parte de ella está en manos de personas mayores de 65 años. Cuando fallecen, ese capital pasa a la Generación X, a los millennials y a la Generación Z — y ahí es donde se pone interesante.

Estos herederos más jóvenes piensan completamente diferente sobre la riqueza que los boomers. Están obsesionados con la sostenibilidad y la responsabilidad social. En lugar de simplemente buscar el máximo crecimiento económico, probablemente dirijan un capital serio hacia causas que les importan. Es un cambio fundamental en cómo se despliega la riqueza.

Pero aquí está lo que es increíble: la gran transferencia de riqueza no se trata solo de los ultra ricos. Personas comunes con hipotecas y planes 401(k) también están transmitiendo activos. Casi la mitad de los estadounidenses espera algún tipo de herencia en la próxima década. Eso incluye casas, negocios, ahorros, objetos de valor. Para los más jóvenes, esto lo cambia todo. Tradicionalmente, construían riqueza invirtiendo y trabajando duro. Ahora, para una gran parte de la población, su futuro financiero depende en gran medida de lo que heredan.

¿La parte complicada? La mayoría de las familias no están preparadas para ello. Ni las personas que dan ni las que reciben parecen listas para manejar las implicaciones emocionales y financieras. Algunas investigaciones muestran que el 19% de los herederos en realidad sienten ansiedad por recibir dinero. La gente evita la conversación porque es incómoda, y eso deja a todos en apuros.

El lado práctico también importa. Si has estado ahorrando durante años para comprar una casa, podrías encontrarte en una guerra de ofertas contra alguien que acaba de recibir una herencia enorme además de sus propios ahorros. Ellos ganan. Tú pierdes.

La verdadera estrategia es adelantarse a esto. Las familias deberían sentarse — idealmente con un asesor financiero — y realmente hablar sobre estas cosas. ¿Cuáles son sus valores? ¿Cómo quieren manejar las donaciones benéficas? ¿Necesita más apoyo un hijo? Estas conversaciones importan mucho más que simplemente mover dinero.
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