Últimamente, hacer tareas en plataformas se parece mucho a ir a trabajar: registrarse, compartir, unirse a grupos, tomar capturas de pantalla para entregar las tareas, y además estar atento a las calificaciones, por miedo a ser considerado una bruja. En realidad, en la cadena de bloques era “quien hace, recibe”, y ahora se ha convertido en “quien sabe actuar como si fuera una persona real”. Muchos proyectos convierten los incentivos en KPI, y al final lo que optimizan no es el producto, sino cómo esquivar las reglas y hacer que parezcan justas.



Lo de las brujas también es bastante incómodo, como repartir huevos en la entrada del vecindario, al final solo queda verificar la identidad, sellar, tomar fotos, y los que realmente pasan por allí se cansan y se van. Lo mismo pasa con el sistema de calificación: cuanto más complejo, más parece que uno busca su propia ventaja: una puntuación alta no siempre significa mayor contribución, quizás solo significa que sabe cómo manipular el sistema.

Por cierto, la pelea por los derechos de autor en NFT también es igual, querer pagar a los creadores no está mal, pero forzar la liquidez secundaria puede hacer que la gente se vaya. Cuando las recompensas y castigos se vuelven demasiado intensos, todos solo piensan en “cómo no perder”, y ya no hay ganas de jugar. En fin, ahora me encuentro con tantas tareas que prácticamente las paso de largo, para ahorrar energía mental.
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