Acabo de darme cuenta de lo tonto que fui… Al transferir tarifas en la cadena, al copiar la dirección, por error la pegué en el portapapeles con la dirección anterior, casi envío a un contrato desconocido. Por suerte, tengo la costumbre de revisar primero los permisos y el receptor, me detuve dos segundos y me di cuenta de que algo no estaba bien, el corazón latía a toda velocidad. En pocas palabras, en ese momento solo podía pensar: por más que la economía de creadores se promocione, en el fondo sigue siendo «quién puede controlar el flujo de dinero».



Últimamente, las disputas sobre los derechos de autor en el mercado secundario están bastante intensas, pero a mí me da igual. No es que no se puedan cobrar derechos, pero no se trata de forzar con moralina o listas negras, al final se convierte en un interruptor de permisos controlado por la plataforma o el contrato, y los creadores tampoco están necesariamente más seguros. De todos modos, ahora cuando reviso un nuevo protocolo, primero verifico permisos, actualizo las llaves, si puedo cambiar las reglas en cualquier momento, y después analizo la narrativa.

Por cierto, en el grupo también hay peleas fuertes sobre monedas de privacidad, mezcladores y límites de cumplimiento… Entiendo la necesidad de privacidad, pero si la interfaz se vuelve “predeterminadamente sospechosa”, al final los que más sufren son los usuarios comunes y los pequeños creadores. Dejémoslo así por ahora, hoy otra vez me he educado a mí mismo.
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