La mayoría de las personas piensan que los precios más bajos siempre son buenos. Pero aquí está lo que me llamó la atención recientemente: lo que realmente quieres para la economía es mucho más matizado que eso.



Hay una diferencia crítica entre deflación y desinflación que la mayoría de la gente pasa por alto por completo. La desinflación es cuando los precios siguen subiendo, solo más lentamente que antes. La deflación es lo opuesto: disminuciones reales en los precios en general. Suena mejor, ¿verdad? Falso. Según los economistas, la deflación es un territorio realmente peligroso.

Aquí está por qué la deflación versus la desinflación importa tanto. Durante la Gran Depresión, la deflación afectó duramente a EE. UU. Estamos hablando de una tasa de desempleo superior al 25% y precios al consumidor que cayeron más del 25% entre 1929 y 1933. Para 1932, la deflación alcanzaba el 10%. Se volvió tan grave que los agricultores de Wisconsin vieron cómo los precios de la leche se desplomaban de $2.01 a solo $0.89 en tres años. Estos agricultores desesperados literalmente organizaron huelgas de leche, vertiendo lácteos en las carreteras tratando de forzar una recuperación de precios. Ese es el tipo de colapso económico que crea la deflación.

El mecanismo es brutal. Cuando la deflación se instala, la gente deja de comprar porque espera que los precios bajen aún más. Eso detiene el crecimiento económico instantáneamente. Además, los salarios caen junto con los precios. Así que aunque las cosas cuesten menos, tú ganas menos también. Es una trampa de la que es difícil escapar una vez que estás en ella.

Ahora, aquí está la parte contraintuitiva: alguna inflación en realidad es saludable. La economía necesita un poco de calor. La deflación y la desinflación son criaturas fundamentalmente diferentes, y los responsables de la política saben que la distinción importa. Una tasa de inflación moderada indica una economía en funcionamiento. Es el punto dulce entre la fiebre de una inflación descontrolada y el frío de la deflación que mata todo.

¿La conclusión? No desees precios cero. Así es como terminas en una espiral deflacionaria que arruina vidas. Entender la diferencia entre deflación y desinflación ayuda a explicar por qué los bancos centrales son tan cuidadosos al dejar que las cosas se enfríen demasiado. Es un equilibrio delicado, y la historia muestra qué pasa cuando te equivocas.
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