Ahora mismo, para ver si un proyecto está trabajando en serio, no miro primero la hoja de ruta, sino que reviso los gastos del tesoro. Dónde se gastó el dinero, quién lo recibió, si después de recibirlo entregaron el trabajo (hitos, entregables, verificables), es algo que casi no se puede esconder. Lo que más miedo me da es esa línea de “construcción comunitaria/estímulos ecológicos” que se pasa por alto, y al final del mes, cuando se hace el cierre, todos son consultores por persona. En realidad, gastar dinero debe parecer… y parecer…: como un reembolso y como un registro de entrada, que coincida con los hechos y también con las personas.



Recientemente, la temporada de airdrops ha hecho que las plataformas de tareas sean cada vez más estrictas con las cazadoras de recompensas, el sistema de puntos hace que los que buscan ganancias se comporten como en un trabajo, y yo confío más en el método de “pago por hitos”: hacerlo primero y luego pagar la siguiente parte, de lo contrario, el tesoro sería solo un gran consumo emocional. Tampoco me gusta tomar partido en las votaciones y peleas, sino que me fijo en la lista de entregas, quien retrasa, quien aumenta el presupuesto, y con un vistazo se entiende todo.
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