He silenciado el grupo, de repente el mundo está en silencio, y mi mente no se deja llevar tan fácilmente por el ritmo. Antes, en el grupo, cuando discutían sobre monedas privadas, mezclas de monedas, límites de cumplimiento, no podía evitar revisar una y otra vez, cuanto más miraba, más sentía que no estaban discutiendo sobre tecnología, sino peleando por la moralidad… En fin.



Al calmarse, al volver a mirar esos términos como “disponibilidad de datos, ordenamiento, finalidad”, en realidad basta con seguir una línea: esa transacción que entregaste, ¿pueden verla los demás, pueden hacer fila según las reglas, finalmente será invalidada o no? Poder verla pero que el orden sea desordenado = fácil de saltarse; ordenar bien pero que al final no cuente = trabajo en vano. La mayoría de los fracasos de los proyectos no es por falta de innovación en conceptos, sino porque estas tres pequeñas cosas no se controlan bien, y cuando la liquidez se asusta, desaparece más rápido que la narrativa. De todos modos, ahora solo quiero ver quién explica claramente “la última palabra”, y decidir si gasto energía emocional o no.
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