Estos días he vuelto a revisar algunos modelos económicos de viejos juegos de cadenas, y cada vez parecen más una arqueología: al principio, el pozo atraía a la gente con subsidios, y cuando la producción aumentaba, había inflación, y con la inflación el valor de la moneda se suavizaba, y cuando el valor de la moneda se suavizaba, todos querían vender rápidamente, y cuanto más rápido vendían, más vacío quedaba el pozo... al final, lo que queda no son “jugadores”, sino mineros que se miran entre sí para ver quién huye primero.



En pocas palabras, la producción no está vinculada al consumo real o a la diversión, solo se trata de pagar salarios, y los salarios cada vez son más bajos. Además, afuera todavía discuten sobre expectativas de reducción de tasas, índice del dólar, y esa historia de que los activos de riesgo suben y bajan juntos, pero a mí me suena: cuando cambia el panorama macro, lo primero que colapsa siempre son estos pozos que sobreviven solo con emociones.

Ver a alguien que en la primera etapa obtuvo beneficios también me da envidia, no es que quiera aparentar superioridad. Pero ahora prefiero ir más despacio, mejor perderme una ola de entusiasmo, que ser el último en comprar en un montón de “monedas de oro” recién emitidas. Así quedamos.
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