Ventana Cerrada de Indonesia para una Dividenda Demográfica

Indonesia a menudo se considera una de las grandes oportunidades demográficas de Asia. Con una población de más de 275 millones y una cohorte de edad laboral en expansión, se ha esperado durante mucho tiempo que aproveche la misma ola de crecimiento impulsada por la mano de obra que impulsó el ascenso de Asia Oriental. Pero esa ventana se está cerrando rápidamente.

El mundo ya ha alcanzado el pico de juventud, y el Sudeste Asiático no es una excepción a este cambio. Para Indonesia, la pregunta definitiva es si puede convertir su dividendo demográfico antes de que cambien las reglas del desarrollo.

A nivel mundial, el número de jóvenes ha alcanzado su máximo, mientras que las poblaciones mayores están creciendo rápidamente. Para alrededor de 2030, por primera vez, el número total de personas menores de 25 años comenzará a disminuir.

Según la ONU, las tasas de fertilidad están bajando en casi todos lados y el crecimiento poblacional se está desacelerando. Indonesia sigue esta tendencia. Su tasa de fertilidad ha disminuido de más de cinco hijos por mujer en los años 70 a niveles de reemplazo en la actualidad. Esto marca una transición estructural profunda: la era de la juventud abundante está terminando, incluso en países que todavía parecen “jóvenes”.

Sin embargo, la demografía no es el destino. El cambio demográfico es una fuerza estructural de lento movimiento que remodela las economías, pero sus resultados dependen de las decisiones políticas y la capacidad institucional. En este contexto, Indonesia todavía tiene tiempo para actuar. Se proyecta que su población en edad laboral crecerá hasta la década de 2030, ofreciendo una oportunidad cada vez más estrecha pero aún significativa para aumentar la productividad, los ingresos y la demanda interna.

El problema es que el modelo tradicional de desarrollo, basado en absorber el exceso de mano de obra en manufacturas de bajo costo, ya no es tan efectivo como antes. Las cadenas de suministro se están fragmentando, la automatización se está volviendo más barata y las grandes empresas priorizan cada vez más la resiliencia y la tecnología sobre los bajos salarios.

Ya se siente este cambio. Aunque ha atraído cierta relocalización de manufactura desde China, especialmente en sectores como el procesamiento de níquel y las cadenas de suministro de vehículos eléctricos, ha tenido dificultades para replicar la industrialización orientada a las exportaciones que se vio en Vietnam.

Datos del Banco Asiático de Desarrollo muestran que la participación de la manufactura en el PIB se ha estancado en las últimas dos décadas, incluso cuando la fuerza laboral ha seguido expandiéndose.

Esta desconexión entre una fuerza laboral aún en crecimiento y la creación limitada de empleos de alta productividad es el principal desafío demográfico para Indonesia. Sin una creación suficiente de empleos, el dividendo demográfico corre el riesgo de convertirse en un lastre demográfico. Y sin reformas urgentes en habilidades, participación laboral y política industrial, Indonesia podría estar desperdiciando su ventana demográfica.

Las apuestas son altas. Se espera que la fuerza laboral de Indonesia supere los 200 millones para 2045. Al mismo tiempo, enfrenta persistentes brechas de habilidades. El informe nacional del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) de la OCDE destaca debilidades en habilidades fundamentales, lo que podría limitar la capacidad de Indonesia para avanzar en la cadena de valor.

Aquí es donde el concepto de empoderamiento se vuelve crucial. Si la era de la mano de obra barata está llegando a su fin, el gobierno debe invertir en trabajadores que sean calificados, adaptables y tecnológicamente competentes, haciendo de las habilidades la nueva infraestructura. Esto implica no solo mejorar la educación básica, sino también ampliar la formación vocacional, la alfabetización digital y los sistemas de aprendizaje a lo largo de toda la vida.

También existen fuentes de mano de obra subutilizadas. La participación de las mujeres en la fuerza laboral en Indonesia sigue siendo relativamente baja, alrededor del 53%. Aumentar la participación femenina podría dar un impulso significativo al crecimiento económico, como ha ocurrido en otras economías asiáticas.

De manera similar, las disparidades regionales dentro del país significan que algunas áreas enfrentan escasez de mano de obra, mientras que otras tienen excedentes, lo que resalta la necesidad de una mejor movilidad interna y planificación urbana.

Al mismo tiempo, Indonesia debe adoptar la tecnología en lugar de resistirse a ella. La automatización y la inteligencia artificial a menudo se ven como amenazas al empleo, pero también pueden mejorar la productividad y crear nuevos sectores.

La clave es garantizar que los trabajadores estén equipados para complementar, en lugar de competir con, las máquinas. Esto requiere inversiones coordinadas en educación, infraestructura digital y ecosistemas de innovación.

El futuro demográfico de Indonesia también está condicionado por su posición en un panorama global en cambio. A medida que China envejece y su fuerza laboral se contrae, pueden abrirse oportunidades para las economías emergentes del Sudeste Asiático.

Pero estas oportunidades no están garantizadas, porque China ya está compensando los vientos en contra demográficos mediante la automatización y la innovación, como se observa en su rápida adopción de robots industriales y manufactura de alta tecnología. Competir en este entorno requerirá que Indonesia vaya más allá de las ventajas de bajo costo.

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Indonesia debe reconocer que el cambio demográfico no es uniforme. Una de las ideas clave del informe de proyecciones del PNUD es la importancia de la diversidad en las transiciones demográficas. Mientras algunas regiones envejecen rápidamente, otras permanecen juveniles.

Esto crea oportunidades para la “arbitraje cronológico”: vincular mano de obra, capital y mercados a través de diferentes perfiles demográficos. Para Indonesia, esto podría significar fortalecer la integración regional dentro de la ASEAN, donde las trayectorias demográficas varían ampliamente.

El reloj está corriendo. El dividendo demográfico de Indonesia no durará indefinidamente. Para la década de 2040, su población comenzará a envejecer más rápidamente, y la ventana para el crecimiento impulsado por la mano de obra se cerrará. La prosperidad a largo plazo del país dependerá de si puede transformar su ventaja demográfica en una ventaja en productividad.

Eso requiere un cambio de mentalidad. La demografía debe verse como un ámbito de política activa. El futuro de Indonesia no será determinado por cuántos jóvenes tenga, sino por lo que esos jóvenes puedan hacer.

En la era posterior al pico de juventud, el verdadero dividendo ya no es demográfico. Es la capacidad humana. Los países que reconozcan esto moldearán la próxima fase del crecimiento asiático. Los que no, quedarán rezagados.

Jonathan Manullang es miembro permanente de la Basic Income Earth Network, una organización con sede en Londres que conecta esfuerzos globales sobre ingreso básico.

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