El espacio cripto se ha convertido en algo así como una paradoja. Lo que empezó como una rebelión genuina contra los sistemas financieros centralizados se ha transformado en algo casi irreconocible.



Ahora todos están obsesionados con la extracción de ingresos: "Maximiza esas tarifas." La validación institucional se trata como un evangelio: "Mira, JP Morgan respaldó las criptomonedas." Y cuando los grandes jugadores finalmente aparecen, se considera la victoria definitiva: "Las instituciones están aquí."

Sin embargo, la verdad incómoda es que, cuando lo piensas bien, es bastante al revés. Este movimiento nació de cypherpunks que rechazaron explícitamente el establishment. La premisa era construir algo que no necesitara la bendición de Wall Street.

Pero en cada nuevo ciclo, los primeros creyentes tienden a cambiar de tono una vez que hay dinero en juego o estatus que ganar con la aceptación mainstream.
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