En cada día en una de las principales plataformas de intercambio, parece que un año del mundo real pasa en un instante.



Las subidas y bajadas del mercado, la tentación del apalancamiento, el impulso del FOMO—el tiempo se alarga infinitamente, los latidos del corazón se aceleran sin fin.

Este lugar en sí no tiene problema, el problema está en nosotros. A menudo decimos que estamos "invirtiendo", pero en realidad estamos usando la inversión como excusa para apostar. Cuando poseemos una criptomoneda, podemos mantener una fe firme, pero al ver una fluctuación en la dirección opuesta, queremos cerrar toda la posición; a veces somos rigurosos como una institución, otras veces actuamos impulsivamente como si estuviéramos poseídos.

La codicia, el miedo, la mentalidad de suerte—estas debilidades humanas se amplifican mil veces aquí. Creemos que estamos enfrentándonos al mercado, pero en realidad estamos luchando contra nuestros propios deseos. Lo que finalmente perdemos no suele ser nuestra capacidad de análisis, sino esa racionalidad que deberíamos tener.

Por eso, el verdadero enemigo siempre está del lado de la pantalla de trading.
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