Cuando cometemos errores, nuestra conciencia nos duele, y el miedo nos consume. Un pequeño error también nos hace cargar toda la presión moral sobre los hombros. Sin embargo, algunos claramente ordeñan el dinero de millones, violan derechos, y no pasa nada. Luego, la situación se vuelve aún más interesante: nos hacemos preguntas a nosotros mismos.



¿La justicia es realmente selectiva?

¿O somos también unos idealistas engañados por la honestidad? ¿Se aplican las reglas y estándares éticos en la industria de las criptomonedas por igual a todos? ¿Por qué hay tanta diferencia entre los grandes jugadores y los pequeños actores? ¿El sistema realmente se basa en la meritocracia, o es solo un juego? Estas preguntas aún esperan respuestas.
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