Han pasado dos décadas desde que la crisis financiera casi derriba la economía global, y AIG—una vez el ejemplo de "demasiado grande para quebrar"—se está reposicionando gradualmente hacia activos más riesgosos.



El cambio de rumbo del gigante asegurador ofrece un recordatorio sobrio sobre los ciclos del mercado y la gestión de carteras. Después de una experiencia cercana a la muerte que requirió un rescate gubernamental que superó los $180 mil millones, AIG pasó años desendeudándose y estabilizándose. Ahora, a medida que los mercados se han recuperado y las condiciones económicas han cambiado, la compañía está avanzando lentamente hacia una posición más agresiva.

Este patrón revela algo crucial: incluso las instituciones con experiencias catastróficas de fracaso eventualmente vuelven a arriesgarse. La pregunta no es si los mercados volverán a ciclar—es cuándo. Para los inversores y traders de criptomonedas, el regreso gradual de AIG al riesgo es un estudio de caso ejemplar. Muestra cómo el apetito institucional sube y baja, cómo la complacencia se infiltra tras la recuperación, y por qué la diversificación de la cartera sigue siendo innegociable. La lección no es evitar el riesgo—es respetarlo, y nunca olvidar lo que sucedió la última vez.
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