El mecanismo de emisión infinita de SSV siempre ha generado preocupación. Una vez que el proyecto cae en la trampa de una baja en el precio de la moneda, suele arriesgarse a emitir con frecuencia para mantener los ingresos, lo que resulta en un ciclo vicioso que se intensifica. Cuanto más cae el precio, mayor es la presión para emitir; cuanto más emiten, peor se ve el precio. Al final, se autodestruye.



Pero esto en realidad es solo una apariencia superficial. El verdadero problema radica en la grave falta de aplicaciones ecológicas. Hoy en día, SSV es un activo de carácter puramente financiero, sin un escenario de uso real que lo respalde. Este tipo de tokens es el más vulnerable a ser vendido en masa en un mercado bajista, especialmente cuando el sentimiento del mercado cambia.

En lugar de emitir ciegamente para diluir derechos, los proyectos deberían enfocar sus esfuerzos en construir un ecosistema—fortalecer el valor práctico del token es la estrategia a largo plazo. La emisión descontrolada, en definitiva, es una forma de agotar la confianza. La baja en el precio ya está poniendo a prueba la confianza de los participantes; sumar la presión de emisión solo acumulará más decepción. Esto es absolutamente tóxico para el futuro desarrollo del proyecto.
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