Los reguladores estadounidenses necesitan ponerse al día rápidamente con las leyes de vehículos autónomos; de lo contrario, EE. UU. corre el riesgo de quedarse atrás en una carrera tecnológica crítica. Los números cuentan una historia convincente: los sistemas de conducción autónoma de Tesla y Waymo ya registran significativamente menos accidentes por milla en comparación con los conductores humanos. Eso no es especulación; son datos. Sin embargo, regulaciones obsoletas mantienen estas tecnologías más seguras atrapadas en un limbo burocrático. La innovación prospera cuando las reglas se adaptan rápidamente, no cuando se retrasan. Sin marcos modernizados, las empresas estadounidenses pierden impulso mientras los competidores en el extranjero aceleran. El cuello de botella regulatorio no es solo un problema de papeleo, sino una desventaja competitiva que podría redefinir el panorama de la industria.

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