La rápida expansión de Web2 ha convertido a los usuarios en externos.



Web3 no es diferente. Esta vez, tenemos la oportunidad de incorporar desde el principio la propiedad del usuario, el acceso a los datos y la equidad en el código, en lugar de remediarlo posteriormente. Esto no es solo una actualización tecnológica, sino un cambio en las relaciones de poder.

Desde el primer día, la autenticación de identidad, la protección de la privacidad y el control del usuario deben ser el núcleo del diseño, y no opciones opcionales. Solo así se puede crear verdaderamente un ecosistema donde los usuarios tengan control sobre sus datos y activos. Esa es la dirección que Web3 debería seguir.
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